Foto: Especial La producción de automóviles fue muy baja ya que muchos ensambladores y proveedores permanecieron cerrados.

El Covid-19 y las acciones y medidas gubernamentales para prevenir su propagación han afectado las operaciones y negocios de las empresas automotrices de varias maneras significativas.

El Economista.

Ciudad de México.- Estados Unidos reabrió ya 39 plantas armadoras de vehículos automotrices, mientras México comenzó esta semana con la reanudación de actividades de al menos seis plantas más.

De acuerdo con El Economista, Ford reanudó el trabajo en su factoría de Flat Rock el 25 de mayo y Nissan arrancó operaciones en su fábrica de Decherd un día después. Además, para el 1 de junio, Nissan programa la reapertura de su complejo en Canton y FCA lo mismo en el suyo, en Belvidere, todos estos casos en Estados Unidos.

En México, reanudaron sus operaciones las plantas de General Motors en Ramos Arizpe, Coahuila, y Silao, Guanajuato; de Nissan en Aguascalientes; de Kia, en Pesquería, y de Fiat Chrysler en Toluca -dos complejos-. También la operación de las plantas automotrices en Estados Unidos ha presionado la apertura de plantas de autopartes instaladas en México, por ser sus proveedoras.

La producción manufacturera en ambos países disminuyó sustancialmente en abril y mayo. La producción de automóviles fue muy baja ya que muchos ensambladores y proveedores permanecieron cerrados.

Si bien muchos fabricantes de automóviles en Estados Unidos planearon reanudar la producción a mediados de mayo, había preocupación por las cadenas de suministro debido a la incertidumbre sobre cuándo reabrirían las fábricas en México.

Algunas plantas en México han reabierto sus operaciones con 40% del personal, una vez que implementaron nuevos protocolos internos y cumplieron con los lineamientos establecidos por el IMSS.

Inicialmente, en respuesta al Covid-19, las empresas armadoras suspendieron la producción en sus instalaciones de fabricación en Estados Unidos, Canadá y México en marzo del 2020.

Desde entonces, han estado trabajando con una variedad de partes interesadas, incluidos expertos en salud, seguridad y médicos, gobiernos, representantes de los empleados y proveedores para determinar cuándo fue o será apropiado reiniciar la producción.

En paralelo, las empresas implementaron procedimientos mejorados de limpieza profunda y brindaron equipo para proteger a empleados de sus centros de distribución y, al mismo tiempo, garantizar que sus clientes y distribuidores reciban las piezas de mantenimiento y reparación requeridas.

En México, el IMSS estableció el Protocolo Activo de Seguridad Sanitaria (PASSA), que comprende 78 puntos de autoevaluación basados en la promoción de la salud. Incluye medidas básicas como estornudo de etiqueta; capacitación que debe llevar a cabo el personal de salud y los directivos; uso de Equipos de Protección Personal; y temas administrativos como horarios escalonados, trabajo a distancia y desde casa. Además, comprende cuestiones de ingeniería, como ventilación. (EL ECONOMISTA)