Con millones de escuelas cerradas y padres que pierden sus trabajos debido a la pandemia del coronavirus, niños de países en desarrollo salen de sus hogares para buscar un chance de mejorar las condiciones de vida de sus familias.
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En lugar de una butaca, ellos encuentran bloques y cemento, en vez de usar un lápiz, recogen una pala, y en vez de obtener una estrella o un 10, regresan a casa agotados con ampollas en sus manos.
Esta es la vida actual de decenas de miles de menores en India, donde los pequeños van a los campos agrícolas y fábricas, mientras en Latinoamérica los niños producen ladrillos o fabrican muebles.
Muchas veces lo hacen a cambio de unos cuantos centavos, recibiendo una que otra vez algunos dólares para ayudar a sus familias o llevar algo que comer a sus hogares.
“El trabajo infantil se convierte en un mecanismo de supervivencia para muchas familias”, señala la directora de educación de UNICEF México.
Los gobiernos aún intentan analizar la cantidad de estudiantes que han abandonado los sistemas escolares debido al cierre de sus escuelas, por lo que se estima que son unos 1.5 millones de niños en todo el mundo.
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Varios expertos aseguran que es menos probable que los menores retomen sus clases cuanto más tiempo permanezcan cerradas las escuelas, además de significar menores oportunidades laborales en un futuro, menos ingresos y una mayor probabilidad de pobreza y embarazo precoz.
La misma semana que la UNICEF había estimado el impacto del coronavirus en los niños, México había iniciado un nuevo año escolar para casi 30 millones de menores, mientras que en varios lugares remotos donde el aprendizaje a distancia no es factible, luego de unas semanas de anunciar el cierre de las escuelas algunos de ellos pasaron a buscar trabajo.

