Hace un año este mismo lugar rebosaba de flores, olores, sabores y colores, hoy hace un año los puestos de comerciantes de temporada inundaban las calles aledañas a los campos santos.
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Las flores de cempasúchil desbancaban al resto como la flor más vendida, lo altares eran constantes, en recuerdo de quienes nos dejaron, las comidas tradicionales se degustaban incluso sobre las tumbas de los fieles difuntos.
Hace un año familia y amigos que hacía tiempo no se veían, se volvían a reencontrar, pero esta vez con un mismo objetivo, recordar a aquellos que partieron.
Hoy hace un año las clases sociales, los prejuicios, las diferencias se acortaban hasta casi desaparecer, pues en medio del campo santo todos son iguales, cuando frente a una tumba, la pérdida de un ser querido no vuelve a todos uno mismo.
Este 02 de noviembre no fue igual, las tumbas quedaron como el resto del año olvidadas, solo acompañado del suelo polvoso y el tenue murmullo del viento.
Hoy la pandemia no ha arrebatado la tradición más popular y más mexicana del mundo.
Hoy no hubo concursos de catrinas, de mojigangas, de altares y de calaveritas, hoy las plazas públicas no tuvieron festivales folclóricos, música, mariachis y danzas que embriagaban los recuerdos.
Hoy ya pasó, y solo queda el sentimiento de pensar que hemos perdido aquello que pensamos que nada ni nadie nos podrían arrebatar. Hoy como nunca nos ha tocado desde nuestras casas celebrar, no la muerte si no la vida de aquellos cuyos recuerdos permanecen con nosotros.

