Envía su último mensaje de navidad como Obispo de Saltillo Fray Raúl Verá

Jesús vino al mundo a restaurar la vida de los seres humanos y de la creación entera que fue puesta por Dios en  sus  manos  para  que  la  administrara (Cf.Gn. 1,26-30). Vino a restaurar todo porque e1 pecado introdujo en el corazón de la persona e1 egoísmo, que afecta la relación generosa que debemos guardar entre nosotras y nosotros, dentro de una actitud de responsabilidad reciproca para administrar nuestra vida, con una actitud de servicio hacia nuestros semejantes. Tenemos la obligación de conservar la equidad en el uso de los recursos que Dios puso en el mundo para el bienestar de todas y todos, sin dejarnos mover por el egoísmo que nos conduce a la ambición de poseer y acumular riquezas a costa del desarrollo integral de la vida con progreso, paz y justicia de las y los demás.

Publicidad NRT

El pecado introduce en las personas la vanidad, vicio que engendra un sentido de superioridad enfermizo sobre sus semejantes, aumenta desordenadamente la autoestima a costa del desprecio y la nota de la otra y del otro; y, finalmente, e1 pecado lleva al orgullo que produce sentido de poder y la convicción de que, por las propias cualidades y la posición social, se tiene autoridad para controlar la vida de las demás personas. Las personas que están afectadas por e1 orgullo, también lo están por e1 egoísmo y la vanagloria, y están envueltas en la conformación de alianzas, impuestas por los róndelos políticos, económicos y sociales, para cometer descomunales atropellos contra la dignidad humana, mediante sistemas de sometimiento de pueblos enteros, naciones y regiones geográficas amplias en los cinco Continentes, para provecho de unas cuantas personas.

Las tentaciones de ambición de riquezas, la de la vanidad y la del orgullo, Satanás las puso a Cristo en el desierto (Cf.Mt.4,3- 1 l), y las sigue poniendo a cada una y cada uno de nosotros aquí en la tierra, pues son la base en 1as que se cimienta su sistema de oscuridad y muerte con e1 que ha  intentado suplantar, por medio del pecado con e1 que engaño a nuestros primeros padres, el proyecto de Dios Creador que es Luz y Vida para todos los seres que existen sobre el globo.

Cristo vino a restablecer en esta tierra, por medio de su obra redentora del mundo, el proyecto creador del Padre, redención que realizó con el misterio de su encarnación, muerte y resurrección. Mediante su Ascensión gloriosa al Cielo, donde se sentó a la derecha del Padre y, con el poder del Espíritu Santo, convierte a sus seguidoras y seguidores en sacerdotes, profetas y reyes, que   van estableciendo el Reino de Dios en la tierra, con el auxilio de quienes ya se han unido en el cielo a los coros de los ángeles, las santas y los santos.

El ser humano, mujeres y hombres que habitamos la tierra en compañía de  todo lo creado por Dios y puesto íntegramente al servicio de todos los seres que conformamos el planeta, conforme avanza el descubrimiento de todas las potencialidades que existen en la naturaleza, nos vamos sintiendo más comprometidas y comprometidos a ponernos al servicio, no solamente de la familia humana presente ahora en la tierra, y que convive con los demás seres, que son creación de Dios, sino que hemos de asumir también a  las  generaciones que poblarán la tierra en edades futuras, en convivencia sana con los demás seres que mantienen toda la vida del planeta.

Debemos decir también que en la medida en que los seres humanos vamos comprendiendo mejor lo que el Papa Francisco ha llamado una “Ecología Integral” en su Carta Encíclica Laudato Si’, aspecto integrador que debe caracterizar el camino a seguir para dar un tratamiento adecuado al tema de la Ecología hoy, y que el mismo Papa considera que, “todo está íntimamente relacionado”, puede lograrse si se toman en cuenta todos los factores de la crisis mundial que vivimos actualmente. De este modo tendremos que ocuparnos no solamente de la Ecología ambiental, sino también la económica, la social y la cultural (Cf.Papa Francisco, Carta Encíclica Laudato Si’, Cap. IV).

 Si aceptamos la común dignidad de la persona humana, si aceptamos que deben existir igualdad de oportunidades para todos los seres humanos de acceder a los derechos que cada una y uno tiene en esta tierra, debemos promover el disfrute por igual de toda la población del planeta de los Derechos Civiles, Políticos, Sociales, Económicos y Culturales. Tenemos que buscar que a cada persona, a cada familia, a cada pueblo y cada nación, se les garantice el acceso a una vida digna, disfrutando de todos los beneficios que se deben proporcionar a cada habitante de la tierra.

 El nacimiento del Hijo de Dios en nuestra carne humana nos debe cuestionar muy seriamente a las y los seguidoras de Él, que la tierra con todas las oportunidades de vida digna para sus hijas e hijos que ha puesto Dios en ella, puedan cumplir con el propósito para el que Dios las destinó: Producir vida y vida en abundancia. Que nos cimbre el llanto y el sufrimiento de tantas víctimas para que nos movamos, asidos de la mano de Dios que no nos abandona, para trabajar por un mundo diferente.

 Este recuerdo de la primera venida de Cristo al mundo, nos trae a la memoria el desenlace final de la historia humana. Cuando venga Él a juzgarnos al final de los tiempos (Cf.Mt.25,31-46), esta generación de finales del segundo milenio y principios del tercero, la podemos pasar muy mal en ese juicio, si no reaccionamos. La Pandemia del COVID-19 provocada por el coronavirus SARSCoV-2 nos está dando la oportunidad de cambiar el mundo. Hay mucha gente con un ánimo muy firme de cambiar las cosas, para que en la era de la postpandemia no volvamos a la misma e inhumana explotación de la tierra con 3 el consiguiente daño al medio ambiente y a nuestras hermanas y hermanos, movidas y movidos por una voracidad enfermiza de poseer, pasando por encima de los derechos a la vida digna que tiene cada persona que habita en este planeta.

 Dejemos de arrasar el entorno natural que nos rodea. Esto es característica de la crisis civilizatoria que hemos criado en nuestro afán de convertir en mercado toda la riqueza que ofrecen las criaturas que nos proporcionan una vida con salud y bienestar. Pienso en el agua, el aire, las selvas y los bosques, las criaturas del reino mineral, animal y vegetal que habitan los espacios donde coexisten y conviven armónicamente todos estos elementos, dentro de sistemas ecológicos pluri-dimensionales, caracterizados por biodiversidades espléndidas, que garantizan el equilibrio macroecológico necesario para toda la vida del planeta.

 Doy gracias a Dios que me dio el privilegio de haber sido una de las muchas personas que fue afectada por el COVID-19. Agradezco a todas y todos ustedes su compañía en la oración y afecto, porque fue un tiempo de fortalecimiento espiritual para mí, pues he vivido en carne propia esta situación de sufrimiento y limitaciones de todo tipo que la Pandemia impone a tantas familias y personas y que ha acrecentado en mí la fortaleza y el deseo imperioso por dedicar mi vida, en lo que resta de años dispuestos por Dios para mi paso por esta tierra, a trabajar y luchar por la construcción de un mundo diferente, con vida plena para todas y todos, ciudadanas y ciudadanos de esta tierra. Estoy plenamente convencido de que es posible construir un mundo diferente, en donde cada una y cada uno vivamos en la esperanza de un futuro mejor para las generaciones que poblarán el planeta, después de nosotras y nosotros.

 Hoy nos ha nacido el Salvador, Él es el Hijo de Dios que trajo la Luz y la Vida, el recién nacido que nos invita a proclamar el amor día tras día. Pese a todo lo que hemos vivido, nos invita a reflexionar para ser mejores mujeres y hombres en esta tierra. Arrodillémonos ante su presencia hoy que nace como “Consejero admirable”, “Dios poderoso” y “Príncipe de la paz”. Con este sentimiento desde mi corazón, reciban mis mejores deseos y con mucho cariño les abrazo y les bendigo esta Navidad, que será con una convivencia y cercanía a nuestros seres queridos, diferente a la de otros años, pero no menos intensa y calurosa. Y esperando estén con salud y con prudentes cuidados para no ser sujetos de contagios, les deseo una Feliz Navidad y un venturoso Año Nuevo, lleno de muchas realizaciones.

NOTAS RELACIONADAS

LO MÁS RECIENTE