“El AIFA no sirve ni como terminal alterna”, sentenció el periodista Carlos Loret de Mola este martes 12 de julio.
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Fue en su columna para El Universal que el comunicador realizó tales aseveraciones, con las cuales inclusive comparó al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AIFA) con la refinería Dos Bocas.
Según la información expuesta por Loret de Mola, pese a ser de rubros totalmente diferentes, ambos proyectos tienen mucho en común.
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“En los últimos días, AMLO ocupó gran parte de sus conferencias mañaneras para quejarse de que en los medios de comunicación se había categorizado a Dos Bocas como “la refinería que no refina”. El retrato es incontrovertible: el presidente inauguró una obra inconclusa y echó la carne al asador de la propaganda para presumir una refinería que aún no refina, y no lo hará por mucho tiempo”, compartió.
“Pasa algo similar con el Aeropuerto Felipe Ángeles. Se inauguró un pequeño aeropuerto que no está terminado. El AIFA no es ni siquiera una terminal alterna al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Cuando por alguna condición un avión no puede aterrizar en la capital del país, lo desvían a Querétaro, Acapulco, Guadalajara… pero nunca al que sería más lógico, por cercano: Santa Lucía. ¿Por qué? Porque aún no tiene instalada la tecnología ni la iluminación suficiente en las pistas como para servir de aeropuerto alterno. Es una terminal de medio pelo y medio día”, añadió.
Carlos Loret de Mola añadió que el AIFA tampoco ha recibido el visto bueno de las dependencias gubernamentales, pues ni siquiera el Ejército Nacional, la SEMAR, la Guardia Nacional y otras instancias hacen uso de dicho lugar.
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“Ni ellos quieren usar el AIFA. El AIFA no sirve ni para eso. Fue un aeropuerto que no se construyó pensando en el espacio aéreo, no se pensó en el cielo, ni siquiera se pensó en las aerolíneas, mucho menos en los pasajeros. El aeropuerto se construyó ahí porque ese fue el capricho del presidente Andrés Manuel López Obrador”, puntualizó el periodista.
“¿El resultado? A casi cuatro meses de su inauguración, sólo operan un puñado de vuelos en los que las aerolíneas pierden dinero. Despegan hasta con el 80% del avión vacío. Y asumen esa pérdida para quedar bien con López Obrador: ¿cómo decirle que no al “señor presidente”? Sobre todo si negarse puede desatar un alud de auditorías, revisiones, descertificaciones y una buena calumniada en las mañaneras. Nadie quiere pelearse con Palacio Nacional. Terminando el verano prometieron poner más rutas para darle por su lado a López Obrador: a ver si no profundizan las pérdidas”, finalizó exponiendo.

