Alfredo y Nico son dos adolescentes que como cualquier otro tienen sueños. Trabajar, conocer a alguien, enamorarse, desarrollarse en el campo productivo.
Pero si bien esto podría sonar común, cuando el síndrome de Down está presente la situación cambia radicalmente.
No por sus habilidades, no por su talento, sino por la inclusión. Aquel tema que actualmente está de moda pero permea aún lento en muchos de los campos.
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Afortunadamente para Alfredo y Nico, hay ventanas que se empiezan a abrir. La educación, la empatía, la inclusión empiezan a dar fruto entre los que son más. Aquellos que con acciones van construyendo un mundo mejor, inclusivo, solidario y responsable.
Tal es el caso de la cafetería Maia, que entre su política no distingue, pues reconoce que la habilidad la pueden tener todos.

“Me siento orgulloso que incluyan a cualquier persona porque todos somos iguales, no debería de haber ninguna diferencia, porque la verdad no la hay, yo les diría (quienes contratan) que se animen a compartir pensamientos de inclusión”, comentó Fabián, uno de los encargados del Café.
Y en esta apertura, Alfredo y Nico aparecen como las estrellas de esta historia, que con su carisma y entusiasmo aprenden del oficio y llenos de entusiasmo, incluso entre algunas lágrimas de alegría, dicen estar listos para comenzar a trabajar.


Sin embargo, en esta apertura, una de las protagonistas y quien empezó a forjar un cambio de inclusión para los niños Down fue Zulma García, directora de Extraordinarios, una escuela diseñada para tratar a personas con este síndrome y ayudarlos a desarrollar sus habilidades haciendo posible ahora colocarlos en el campo laboral.
Zulma cuenta con una licenciatura en psicopedagogía, y con esta herramienta, tal vez sin planearlo fue construyendo poco a poco este tipo de apertura incipiente pero que crece cada vez más.
Asimismo recalca la importancia que desde casa, se valorice a la persona, pues esta es un clave importante para su futuro.

“Con los ojos que tú los ves, ellos se van a ver, claro que todos los papás o las familias pasan por duelo del proceso de aceptación pero con los ojos que los veas de éxito, de superación y no de lastima o limitación, ellos se van a ver y van a decir creo en mí y lo van a hacer”, expresó.
Eliza Rodríguez, mamá de Alfredo, observa orgullosa a su hijo mientras él se ajusta el mandil y un pequeño gorro para iniciar si día laboral. Con ojos acuosos y emoción comenta que por fortuna el pensamiento de la sociedad en general ha ido avanzando, y la brecha de inclusión y empatía entre el nacimiento de Alfredo, hace 22 años, a la actualidad es muy distinta, donde la apertura por fin comienza a materializarse.
“El panorama es mucho más abierto y yo creo que la inclusión realmente esta, incluir a niños con capacidades diferentes, incluirlos en todos los aspectos, tanto laborales, deportivos, sociales, que ellos ya no se sientan excluidos”.

“Creo que estamos en el camino, estamos empezando, esto es un gran paso, si volteo hace 22 años en que mi hijo nació yo lo veo con muchos obstáculos, desde la escuela, la sociedad, yo no veía esto; cruzaba a Estados Unidos y veía niños Down laborando en las tiendas, en los restaurantes y hoy se está haciendo aquí realidad”, mencionó.
Asimismo la madre de Alfredo compartió un mensaje con aquellos padres de familia, principalmente primerizos con niños Down, donde resalta la importancia de creer en ellos y apoyarlos sin poner obstáculos ni limitantes.
“No se desesperen, no están solos, yo recuerdo una frase que la genetista me dijo cuándo me dieron el resultado, yo le pregunte cual era el grado de discapacidad o síndrome de Down que tenía mi niño y ella me contestó: El nivel de vida que tú le des es el nivel de vida que él va a tener; nosotros somos lo que ponemos los limitantes, y el límite es el cielo”, compartió.

