A unas horas del inicio de clases, queremos recordar que lo más importante son los niños, no los libros, que son únicamente una herramienta pedagógica.
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No queremos decir que se dejen de señalar las fallas y errores cometidos en la realización de los nuevos libros, sino que hay otras problemáticas que deberían atraer nuestra atención y darles relevancia.
¿Los padres de familia están poniendo la suficiente atención a la educación de sus hijos? ¿Están dando un seguimiento a su proceso educativo, dentro del hogar y corresponsablemente con la escuela?

¿Los maestros reciben una capacitación constante para atender los desafíos educativos que se presentan? ¿Hay una escucha de las autoridades educativas en la experiencia de los profesores y sus realidades?
Como señaló la Conferencia del Episcopado Mexicano en su comunicado escrito de esta semana sobre el tema: “es evidente la improvisación y confusión en muchos componentes de la versión ahora presentada de los LTG. No obstante, confiamos en la labor que desempeñan en el aula los maestros, quienes con su formación, experiencia y comunicación con los padres de familia podrán rescatar los elementos valiosos para sus alumnos”.
Aunque los libros son materiales auxiliares, la educación se da en el encuentro entre personas, y eso significa que padres de familia y maestros tienen una responsabilidad importante, para la que deben estar preparados.
Exhortamos a los involucrados en la impartición de la educación a dar un buen ejemplo a los niños, adolescentes y jóvenes, y que se priorice un diálogo fecundo y solidario.
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