En una abarrotada Plaza de San Pedro, unos 25.000 fieles, bajo un cielo en el que los rayos del sol se alternaban con las nubes, se abrió la celebración del Domingo de Ramos presidida por el Papa Francisco.
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Es la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, de la que se lee el relato del evangelista Marcos, y que precede a la celebración de la Misa.
El Papa bendice y asperge con agua bendita los ramos de olivo, símbolo de hoy, que los presentes sostienen en sus manos.
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A continuación, más de 400 portadores de palmas se dirigen en procesión desde el centro de la plaza hasta el vestíbulo.
Los cardenales, obispos y sacerdotes concelebrantes ocupan sus puestos junto al altar.
El Papa reza por las víctimas del “cobarde atentado terrorista” en Moscú. Al final de la celebración del Domingo de Ramos, Francisco expresó su dolor por lo sucedido en Rusia hace dos días.
Pidiendo a Dios que acoja a las víctimas, consuele a sus familias y convierta “los corazones de quienes planean, organizan y realizan estas acciones inhumanas que ofenden a Dios, que mandó: ‘No matarás'”.

El papa Francisco decidió en el último momento no leer su homilía durante la misa del Domingo de Ramos en la plaza de San Pedro del Vaticano, y evitó un largo discurso al inicio de una Semana Santa que pondrá a prueba su salud, cada vez más frágil.
Aquejado por molestias en las rodillas y persistentes problemas respiratorios, Francisco tampoco participó en la procesión de cardenales en torno al obelisco de la plaza al inicio de la misa.
En lugar de eso, el pontífice de 87 años bendijo desde el altar las ramas de olivo y palmas que llevaban los fieles.
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