
La muerte de Ramiro Alonso Cruz Soto de apenas 16 años y estudiante del CBTIS 20, dejó una estela de tristeza y profundo dolor en la comunidad estudiantil y sociedad de Sabinas.
Publicidad NRT
La noticia de su partida, consecuencia del dengue grave que no pudo superar, sacudió a sus familiares, amigos y compañeros de estudios, quienes aún tratan de asimilar la repentina pérdida de un alma tan joven y prometedora.
El velorio de Ramiro se llevó a cabo en una capilla abarrotada de seres queridos, compañeros de escuela y vecinos del barrio que acudieron a despedirlo.
Llevaron solo un cúmulo de recuerdos y anécdotas que evocaban su sonrisa, su carácter amable y su entusiasmo por la vida.
El pasado fin de semana tuvo que partir su cuerpo para cristiana sepultura en un panteón de la localidad.
Los cantos y las historias compartidas entre lágrimas reflejaron la huella que dejó en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo.
Los días que compartieron, momentos irrepetibles, sobre todo lo que en las aulas vivieron, compartir sueños que alguna vez evocaron un futuro.
A su paso frente al CBTIS 20, todos sus amigos gritaron su nombre. El recorrido hacia el panteón San Fernando fue un camino de dolor y silencio, roto solo por los sollozos y las palabras de consuelo que no lograban mitigar el sufrimiento de los presentes. La procesión avanzó lentamente, un reflejo de la carga emocional que llevaba cada paso de sus seres queridos, compañeros y amigos, que despedían no solo a un joven, sino a un hermano, un compañero de juegos, un estudiante con sueños aún por cumplir.
Ramiro, con su juventud, representaba las esperanzas y aspiraciones de una generación; su partida, tan inesperada como devastadora, deja un vacío irreparable y un llamado urgente a la conciencia sobre la seriedad del dengue y la importancia de la prevención y cuidado ante esta enfermedad.

