En Estados Unidos, las elecciones presidenciales de 2024 se celebrarán este martes 5 de noviembre, con Kamala Harris y Donald Trump como candidatos principales.
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Sin embargo, en este país, los ciudadanos no eligen directamente al presidente. En su lugar, el sistema electoral estadounidense utiliza un método indirecto que involucra al Colegio Electoral.
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El Colegio Electoral está compuesto por 538 electores que representan a cada estado según su población y número de legisladores en el Congreso. Para ganar, un candidato necesita obtener al menos 270 votos electorales. En la mayoría de los estados, el candidato que obtenga la mayoría de votos en ese estado se lleva todos sus votos electorales, sin importar la diferencia en el margen de victoria. Las excepciones a esta regla son Maine y Nebraska, que aplican un sistema proporcional.
Este sistema permite que un candidato pueda ganar la presidencia sin ser quien más votos populares obtuvo a nivel nacional. Esto se debe a que el resultado depende de los votos del Colegio Electoral y no solo del conteo popular. Por ejemplo, un candidato puede ganar en varios estados por un margen mínimo, asegurando así sus votos electorales, y aún así perder en número total de votos a nivel nacional.
En el caso de que ambos candidatos obtengan 269 votos electorales cada uno, la elección se define en el Congreso mediante un proceso de “elección contingente”. Durante este proceso, la Cámara de Representantes elige al presidente y el Senado selecciona al vicepresidente. En la Cámara de Representantes, cada estado tiene un voto, decidido por la mayoría de su delegación. Para que un candidato gane, debe contar con el apoyo de al menos 26 delegaciones estatales.
Mientras tanto, en el Senado, cada senador tiene un voto, y la mayoría simple decide el cargo de vicepresidente. En teoría, este proceso podría dar como resultado una administración dividida, con el presidente y el vicepresidente de partidos distintos. El Congreso realiza el conteo final de los votos el 6 de enero de 2025 y, si el resultado es claro, el nuevo presidente asumirá el cargo el 20 de enero.
El sistema electoral estadounidense se diseñó para equilibrar la representación de cada estado, pero también permite que el presidente electo no siempre sea quien recibió el mayor apoyo popular.

