Entre láminas y cartón bajo el frío extremo

El intenso frío golpea sin piedad, pero hay quienes enfrentan esta crudeza desde la fragilidad de hogares hechos de lámina, cartón y hules. Fermín Barboza Castañón, de 76 años, es uno de ellos. En su pequeña vivienda ubicada en la colonia Emilio Bichara en Cuatro Ciénegas, el frío es un huésped constante. A pesar de las bajas temperaturas que actualmente rondan los cero grados centígrados, él mantiene el espíritu de gratitud por el refugio que ha construido con sus manos.

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Durante más de dos décadas, Fermín trabajó como candelillero, una labor exigente que requiere fuerza y resistencia para extraer cera de la planta del desierto. Sin embargo, hace cinco años, las limitaciones físicas lo obligaron a retirarse. Hoy, su única fuente de ingresos es una pensión gubernamental que le permite subsistir con lo mínimo. Aunque las dificultades económicas son grandes, él no pierde la esperanza.


En su hogar improvisado, Fermín prepara tortillas de harina y sopa, y con la llegada del frente frío ha recibido pan y café caliente. Para calentar el espacio, enciende brasas que ayudan a mitigar las gélidas temperaturas nocturnas.

“Aquí entre láminas y lonas, me salvo del frío congelante”, menciona, consciente de que su refugio es precario, pero representa una barrera entre él y las temperaturas extremas.
El invierno es un reto para todos, pero para personas como Fermín Barboza, se convierte en una prueba diaria de resistencia, fe y gratitud.

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