Los pasillos de la Fayuca y del comercio ambulante en Monclova se encuentran de luto tras el fallecimiento de tres comerciantes ampliamente conocidos y queridos en la comunidad, quienes perdieron la vida en un trágico accidente carretero ocurrido la tarde del lunes.
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Martina Flores Martínez, de 62 años, vecina de la colonia Guerrero; Claudio Pérez Sandoval, de 75 años; y María de Jesús Estrada Martínez, conocida como “Chuya”, fallecieron cuando el camión turístico en el que viajaban volcó en el tramo de Arteaga a Matehuala, en la peligrosa zona montañosa de “Los Chorros”, sobre la Carretera 57.
Los tres eran comerciantes con más de 30 años de trayectoria en la Fayuca y el comercio ambulante, dedicando su vida al trabajo diario y forjando lazos que los hicieron parte inseparable de la vida de cientos de familias monclovenses.
Sus puestos, el 16 de Martina y otro cercano de Don Claudio, permanecían este martes cerrados con las cortinas de acero abajo, tal como los dejaron momentos antes de abordar el transporte que los llevaría a Chiconcuac, Estado de México.
La noticia del accidente sacudió profundamente a sus compañeros comerciantes. María Guadalupe, quien también trabaja en la Fayuca, compartió conmovida su sentir.
“Sí, sí, todavía ayer cuando salieron iban bien sonrientes y bien contentos… pasaron por aquí y se fueron muy risueños. Y mira, pues ya de rato la noticia de que había sucedido ese accidente… me impactó bastante, me di cuenta que toda la tarde estuve sentada, no me podía mover, no quería ni hablar.”
Guadalupe explicó que desde 1988 conviven en ese espacio, por lo que los vínculos entre los locatarios van más allá de lo laboral.
“Somos una familia, porque aunque no lo queramos, todos los días nos vemos… tenemos 35 años en esto”, expresó con pesar.
Eugenio, cuyo local se encuentra justo a un costado del que pertenecía a Don Claudio, comentó que no lo había visto ese día ya que llevaba varios sin abrir su negocio, pero lamentó profundamente la noticia.
“Es muy triste, muy lamentable… convivíamos todos los días, era muy buena persona y servicial con todos los compañeros, era un buen comerciante”, dijo consternado.
La consternación entre los pasillos del comercio local es evidente. Las pérdidas no solo representan un duro golpe para las familias, sino también para la comunidad que por décadas convivió con ellos, los saludó cada mañana y compartió el esfuerzo diario de llevar el sustento a casa.
El accidente ha dejado una herida profunda en el corazón de la Fayuca, recordando la fragilidad de la vida y la fuerza de los lazos que se construyen entre quienes, hombro a hombro, hacen de este espacio su segundo hogar.

