La vida puede cambiar de un momento a otro, para Brenda Pérez esa transformación llegó sin previo aviso hace poco más de un mes, cuando recibió un diagnóstico devastador: pérdida auditiva profunda en su oído izquierdo y pérdida moderada en el derecho. Lo que para muchos es cotidiano —el canto de un pájaro, el paso de un automóvil, o incluso el sonido de unas pequeñas patitas de su mascota sobre el piso— para ella se volvió un anhelo doloroso y una ausencia ensordecedora.
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“Los primeros días fueron muy difíciles”, confiesa Brenda, con una voz que mezcla fortaleza y emoción. “No sólo para mí, también para mi familia. Es muy difícil despertar un día y darte cuenta de que ya no escuchas como antes, como cuando eras una persona oyente”.
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Frente a la angustia y el desconcierto, la joven acudió al Sistema DIF Sabinas, donde encontró una mano amiga, un gesto solidario y, sobre todo, una respuesta esperanzadora.
“Estoy profundamente agradecida con Dios y con las personas que ha puesto en mi camino”, afirma con emoción.
Menciona con especial cariño a la señora Alma Iribarren, presidenta honoraria del DIF, y a Araceli Iribarren, directora de esta noble institución, así como al presidente municipal, José Feliciano “Chano” Díaz Iribarren, quienes no dudaron en tenderle la mano en uno de los momentos más duros de su vida.
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Gracias al apoyo recibido, Brenda cuenta hoy con sus aparatos auditivos. Hace apenas quince días le entregaron el correspondiente al oído derecho, un suceso que describe como “una felicidad enorme para mi familia y para mí”.
Volver a percibir los sonidos que ya pasaban desapercibidos, le ha devuelto una parte vital de su mundo. “Gracias a Dios, siento muy bonito, me siento feliz y profundamente agradecida porque vuelvo otra vez a escuchar”, expresa, con una ternura que conmueve. “Siempre he dicho que oír es precioso… para quien oye”.
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Su testimonio nos recuerda que a veces damos por sentado lo esencial. Que los pequeños sonidos cotidianos son parte de nuestra identidad, de nuestra historia y de nuestro entorno emocional. Pero también nos muestra cómo, en medio de la adversidad, existen instituciones y personas comprometidas con devolver la esperanza, con tocar vidas y con acompañar procesos de sanación. Brenda camina hoy con una nueva oportunidad, de oír y vivir plenamente.
Y su historia es también un agradecimiento vivo, una voz que resuena en el corazón de quienes creen que la empatía y la solidaridad todavía pueden cambiar el rumbo de una vida.

