Apenas se iba a echar pollito y se le cayó el carro

José Castro estaba a punto de disfrutar un delicioso pollo frito cuando un imprevisto arruinó su festín. Su auto decidió emprender una aventura sin conductor.

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El vehículo, un Ford Figo color gris, se botó de cambio y avanzó unos metros sin permiso. Acto seguido, cayó a desnivel sobre la calle Ocampo.

El hombre había llegado al establecimiento para ordenar ocho piezas de pollo, papas y refresco. Se sentó en una mesa listo para el banquete.

De pronto, varios golpes fuertes irrumpieron el momento. Los presentes voltearon a ver qué ocurría y José se llevó la sorpresa de su vida.

Su amado automóvil ya no estaba en su sitio, sino en una posición bastante complicada. La escena generó tanto desconcierto como carcajadas entre los clientes.

Sin otra opción, pidió apoyo a las autoridades para sacar su auto del problema. Una grúa llegó al lugar para intentar la operación de rescate.

Los agentes de control de accidentes también acudieron a realizar la diligencia correspondiente. Mientras tanto, José solo suspiraba con resignación.

Lo más lamentable no fue el daño al vehículo, sino que el pollo se enfrió en medio de tanto alboroto. El hombre no sabía qué lamentar más.

Este accidente dejó una lección clara: siempre revisar el cambio antes de pensar en comer. A veces los autos tienen ideas propias cuando uno menos lo espera.

El singular percance se convirtió en tema de conversación entre los testigos. Nadie olvidará la tarde en que un pollo frito y un Ford Figo protagonizaron una historia inesperada.

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