Retratos desde la banqueta: el artista migrante que dibuja con el alma y sueña con ver a su hija

En una esquina del centro de Monclova, justo donde se cruzan las calles Carranza y Guerrero, hay un hombre que transforma el pavimento en galería y sus piernas en caballete. Su nombre es Óscar Danilo Gómez, tiene 40 años, es originario de Nicaragua y es un artista del retrato, aunque su gafete municipal diga que es lavacoches y vendedor de dulces.

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El gafete no miente, pero tampoco cuenta la historia completa.

Con solo una libreta de hojas blancas, un lápiz y una destacada destreza, Óscar plasma con sorprendente detalle rostros que parecen tener alma. Lo hace en la banqueta, entre dulces y retratos que exhibe con orgullo, como el de su hija recién nacida o el del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

“No tengo caballete, uso mis piernas… pero ojalá algún día pueda comprar uno. Me serviría mucho para seguir mejorando”, comenta con humildad mientras da vida a un retrato que le tomará entre tres y seis horas.

Entre el arte y la sobrevivencia

Óscar no solo dibuja. También vende dulces para poder comer y pagar la renta. Pero su motor más grande tiene nombre: Nicole, su hija de apenas tres meses, a quien no ha podido ver en semanas. Vive con su madre, Itzel, en la colonia Miravalle.“Ella es mi adoración. Trabajo todos los días para poder mandarle algo. No puedo estar con ella, pero quiero que cuando crezca sepa que todo lo hice por ella”, dice con voz entrecortada.

Aunque vive solo en Monclova, dice no sentirse del todo solo: su motivación lo acompaña, y en ocasiones, también lo hace la gente que reconoce su talento.

Un migrante que busca arraigo legal

Óscar llegó a México hace algunos años y desde entonces ha buscado vivir dentro de la legalidad. Por ello, tramitó un gafete municipal que le permite trabajar en la vía pública. Lo agradece, dice, porque en otros lugares ha sido más difícil.

“Lo único que quiero es obtener mi residencia. Solo que no tengo quién me apoye con esos trámites… pero no me rindo”, señala con firmeza.

En cada dibujo, Óscar pone algo más que técnica: pone su historia, sus ganas, sus lágrimas. Porque para él, el arte no es un pasatiempo, es su forma de resistir, de alimentar, de soñar.

El arte como refugio y puente

A su alrededor, sobre un tapete, se extienden dibujos hechos a lápiz de fotografías que la gente le lleva.

Los transeúntes lo miran con curiosidad, algunos se detienen a preguntar, otros solo observan. Pocos saben que este artista sin taller vive con el anhelo de ver a su hija y con el deseo de ser reconocido no por el gafete que lo etiqueta, sino por el talento que lo define.

“Mi hija es mi inspiración… por ella dibujo cada día”

Óscar continúa trabajando desde su pequeño rincón de la ciudad, donde el sol cae fuerte, pero donde él pone sombra con su arte. Sueña con una vida mejor, con estabilidad legal y con volver pronto a su pequeña Nicole.

Mientras tanto, en cada trazo que dibuja, hay una esperanza, una carta de amor invisible que viaja desde su lápiz hasta el corazón de quienes lo miran trabajar.

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