En la colonia El Pueblo, el silencio se volvió más pesado que nunca, cuando Verónica P. decidió que el dolor era más fuerte que cualquier esperanza.
Después de discutir con su esposo, el amor de su vida, creyó que dormir para siempre sería más fácil que enfrentar el vacío que quedó.
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Al filo de la medianoche, tomó carbamazepina con la intención de no despertar, buscando en la oscuridad una salida que no doliera tanto.
Por suerte, su familia notó algo extraño en su habitación, y el miedo los empujó a actuar antes de que fuera demasiado tarde.

La encontraron recostada en su cama, con el frasco vacío a un costado, y su respiración apenas sostenida por el hilo de la vida.
Sus parientes, temblando de angustia, marcaron el número de emergencias, rogando que aún quedara tiempo para revertir lo irreversible.
Elementos de Cruz Roja llegaron con premura a la Privada Las Flores, casa número 318, donde el aire ya sabía a despedida.
Atendieron el reporte de una mujer inconsciente, víctima de una ingesta de medicamento que hablaba más de tristeza que de enfermedad.
Le brindaron los primeros auxilios, pero el daño exigía un lavado estomacal urgente, por lo que fue trasladada a un hospital con especialistas.
Ahí, entre luces frías y murmullos médicos, quedó bajo cuidado, mientras su alma decidía si quería regresar o seguir alejándose.
La policía fue informada del intento, y tomó conocimiento de lo ocurrido, entendiendo que no fue crimen, sino una súplica silenciosa.
Todo comenzó con una discusión, pero detrás de las palabras, estaba el grito de una mujer que solo quería ser escuchada por quien amaba.

