Lo reportan atropellado pero estaba dormido

“El Güero” dormía como bebé debajo de un camión, en plena colonia Primero de Mayo.
No era una siesta cualquiera, sino el desenlace glorioso de una parranda que lo dejó rendido como calcetín viejo en día de mudanza.

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Un automovilista que pasaba por la calle Manuel M. Ponce vio algo raro al alumbrar con los faros debajo del camión estacionado.
Al ver un cuerpo medio aplastado por las llantas, pensó que era un caso digno de CSI y llamó al número de emergencias sin dudar.

Los paramédicos del GRUM llegaron volando, listos para salvar una vida o al menos aplicar un buen susto con desfibrilador.
Al revisar al “accidentado”, descubrieron que no estaba muerto ni herido, sólo profundamente dormido, con aroma a tequila y sueños de cumbia.

Le recomendaron salir de ahí, porque si el camión arrancaba, el descanso eterno podía volverse literal y sin previo aviso.
Pero “El Güero”, con la dignidad de quien ha sido despertado sin café, se levantó echando chispas y palabras que no vienen en el diccionario.

Molesto por la interrupción, caminó como zombi con GPS dañado, buscando otro rincón donde pudiera seguir soñando sin paramédicos ni luces altas.
Encontró otro camión, más cómodo según él, y se volvió a acostar como si el pavimento fuera colchón ortopédico de cinco estrellas.

Los vecinos, ya acostumbrados a sus aventuras nocturnas, sólo comentaron que “El Güero” tiene más vidas que un gato con seguro médico.
Y aunque no lo crean, esa madrugada no fue la primera vez que lo encuentran dormido en lugares que desafían la lógica humana.

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