Se mete por error a bar gay y no paga la cuenta

Rubén Almanza, vecino de la colonia Miravalle, vivió una noche que ni en sus sueños más locos habría imaginado, todo por andar de curioso. Según él, no es de bares ni cantinas, pero el espíritu festivo y unos tragos lo empujaron directo al bar “Viajeros”.

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Desde lejos, observó lo que creyó eran mujeres guapas, bien arregladas y con movimientos encantadores que lo invitaron a bailar de cachetito. Con la confianza que da el alcohol, se sirvió con la cuchara grande y pidió tragos como si fuera viernes de quincena.

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Se mete por error a bar gay y no paga la cuenta
Se mete por error a bar gay y no paga la cuenta

Todo iba bien hasta que empezó a notar voces roncas, barbillas gruesas y una musculatura que ni en el gimnasio había visto. Fue entonces que se dio cuenta: no eran mujeres, sino hombres bien pintados, peinados y con más estilo que él en su boda.

La confusión lo hizo sudar más que el reguetón que bailaba, así que decidió huir discretamente hacia la calle Hidalgo. Pero el encargado de vigilancia, con más condición física que Rubén, lo alcanzó antes de que pudiera desaparecer entre los taxis.

Le presentaron la cuenta y dijo que no traía efectivo, pero que podía ir al banco a sacar dinero. Al introducir su tarjeta, el cajero le devolvió la triste verdad: la cuenta estaba en ceros, igual que su dignidad.

Ante la falta de pago y la historia digna de telenovela, fue entregado a la policía para que tomara conocimiento. Rubén solo alcanzó a decir que fue a experimentar, pero terminó con una cruda moral y una noche que seguro no contará en las reuniones familiares.

Así, el bar “Viajeros” sumó una anécdota más a su colección, y Rubén aprendió que no todo lo que brilla es mujer.

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