El Libramiento Carlos Salinas de Gortari se convirtió en escenario de un escándalo cuando tres militares, fuera de servicio, protagonizaron un zafarrancho frente al 105 Batallón.
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La tarde de parranda casi les cuesta caro, pues fueron acusados de golpear un vehículo estacionado y la situación terminó con intervención de la autoridad estatal.
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Los uniformados, tras dejar sus funciones castrenses, abordaron una camioneta Chevrolet gris para recorrer la ciudad en plan de diversión, olvidando su disciplina militar. Sin embargo, el paseo terminó abruptamente cuando decidieron estacionarse a un costado de la carretera y uno de ellos bajó por pertenencias personales.
De manera inesperada, un hombre apareció señalándolos directamente de haber impactado un Mazda que se encontraba estacionado metros más adelante, lo cual desató una tormenta de reclamos. Los soldados, visiblemente alterados, lo negaron todo, asegurando que en ningún momento habían tocado el vehículo y acusando al civil de inventar la historia.
El intercambio de palabras subió de tono rápidamente y, entre empujones y amenazas, la situación se salió de control, atrayendo la atención de automovilistas que circulaban cerca. Ante la tensión creciente y el riesgo de una riña mayor, testigos solicitaron la intervención inmediata de elementos estatales, que acudieron para frenar la confrontación.

Un joven militar que viajaba como acompañante narró que el denunciante se retiró sin rendir testimonio formal, dejando en duda toda la versión inicial planteada. Con la retirada del civil y la falta de pruebas, los militares salieron bien librados del señalamiento, aunque no de las consecuencias internas de su institución.
Finalmente, las autoridades lograron calmar los ánimos y cada quien siguió su camino, aunque los soldados fueron enviados nuevamente a la base con sanciones inmediatas.

