Aunque en Monclova se recuperan semanalmente entre 20 y 30 toneladas de PET, esta cifra podría ser mucho mayor si existiera una cultura ambiental más arraigada entre la población, reconoció Alfredo García, propietario de la recicladora Operaciones Ecológicas.
El empresario señaló que gran parte del material reciclado proviene de escuelas, donde maestras y alumnos han logrado impulsar una conciencia ecológica más activa. Sin embargo, en otros sectores de la comunidad, la participación es mínima o nula.
“En las áreas educativas es donde hay más sensibilidad. Las maestras son las que realmente están fomentando la cultura del reciclaje”, afirmó García, al explicar que durante los ciclos escolares la recolección aumenta gracias a estas iniciativas.
Recuperación variable y falta de compromiso
La cantidad de PET recolectado puede variar dependiendo de la temporada y de la actividad de campañas específicas. García explicó que hay esfuerzos que funcionan muy bien, pero también momentos en que la participación ciudadana se diluye.
Actualmente, el kilo de PET se paga en aproximadamente siete pesos, dependiendo del mercado y la calidad del material.
De Monclova a Monterrey: el camino del PET
Una vez acopiado, el plástico es compactado y trasladado a Monterrey, donde es triturado, lavado y transformado en hojuelas que luego se funden para producir pellets, la materia prima con la que se fabrican nuevos productos.
Algunas empresas incluso logran cerrar el ciclo, fabricando nuevamente envases con este PET reciclado. También se utiliza para elaborar hilados textiles u otros insumos industriales, lo que representa un valor importante si el material se aprovecha adecuadamente.
García hizo un llamado a fortalecer la educación ambiental, especialmente entre los más jóvenes, para lograr una mayor constancia en la separación de residuos y contribuir de forma colectiva al cuidado del entorno.
“Hay mucho potencial, pero necesitamos mayor compromiso. No basta con campañas esporádicas, se requiere una participación sostenida”, concluyó.

