El rugido del motor rompió la calma del mediodía cuando un joven universitario, al volante de un Nissan Sentra gris, pisó de más el acelerador.
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En segundos, la velocidad se volvió su peor enemiga y una maniobra desesperada terminó convirtiendo el bulevar Benito Juárez en una escena de caos.
Daniel Vázquez Medrano, estudiante de la FIME, viajaba acompañado de tres amigos rumbo al poniente tras salir de clases, bromeando, con la música a todo volumen.

El sol rebotaba sobre el parabrisas y el tráfico parecía fluir sin problema hasta que, de pronto, una camioneta se cruzó sin aviso frente a ellos.
El reflejo fue instantáneo: girar el volante.
Pero la decisión, tan rápida como el miedo, lo hizo perder completamente el control del auto, que comenzó a derrapar sobre el pavimento.
El chirrido de las llantas fue seguido por el estruendo del impacto.
El Sentra se estrelló contra un poste de madera, lo partió en dos y continuó su trayecto fuera de control.
En su violento recorrido, golpeó la parte trasera de un Chevrolet Aveo color arena, estacionado frente a un negocio, lanzándolo varios metros hacia adelante.
El automóvil dañado era propiedad de Lidia Alejandra Guerra Flores, quien escuchó el golpe y salió horrorizada al ver el desastre frente a su local.
El polvo, los cables colgando y el olor a gasolina llenaron el aire mientras curiosos se acercaban con sus teléfonos para grabar la escena.
El susto se mezclaba con los gritos de advertencia y el zumbido de las sirenas que llegaban para cerrar la vialidad en cuestión de minutos.
Milagrosamente, nadie resultó lesionado.
Sólo el silencio posterior al estruendo, el poste derribado y la mirada incrédula de un joven universitario que aprendió la lección demasiado tarde.

