El sentimiento de obligación hacia la pareja es uno de los principales factores que impide a muchas mujeres romper con relaciones de violencia, aun cuando son conscientes del daño que enfrentan, advirtió Rosa María Salazar, directora de la asociación civil Luz y Esperanza, dedicada al acompañamiento de mujeres víctimas de violencia.
La activista explicó que, en muchos casos, las mujeres han normalizado la violencia dentro de la relación de pareja, lo que genera dinámicas psicológicas complejas que dificultan la toma de decisiones para salir de ese entorno. Este fenómeno, señaló, no surge de manera aislada, sino que está profundamente vinculado a factores culturales y sociales que refuerzan roles tradicionales de género.

Salazar indicó que uno de los síndromes más frecuentes en estas situaciones es la llamada “adaptación paradójica”, un mecanismo mediante el cual la mujer se adapta al maltrato como una forma de supervivencia emocional. Aunque en determinadas etapas de su vida surge el deseo de alejarse del agresor, las creencias culturales y el peso del deber dificultan que logre hacerlo.
La directora de Luz y Esperanza señaló que este sentimiento de obligación suele intensificarse cuando el agresor presenta problemas de salud, ya que socialmente se ha asignado a la mujer el rol de cuidadora principal. Esta carga moral provoca que muchas permanezcan en relaciones violentas bajo la idea de que deben atender y acompañar a su pareja, incluso cuando existe un historial de abuso.
Asimismo, explicó que en algunos casos los agresores abandonan el hogar y regresan tiempo después en condiciones de vulnerabilidad, lo que refuerza la percepción de responsabilidad en la mujer y perpetúa los ciclos de violencia y dependencia emocional. Estas situaciones, dijo, dificultan aún más la ruptura definitiva de la relación.
Rosa María Salazar subrayó que estas conductas están arraigadas en una cultura que históricamente ha privilegiado al hombre y ha colocado a la mujer en una posición de sacrificio, cuidado y obediencia, lo que limita su autonomía y refuerza la tolerancia social hacia la violencia de pareja.
Finalmente, la activista enfatizó la importancia de visibilizar estas problemáticas y fortalecer el acompañamiento psicológico, social y legal para las mujeres, con el fin de que puedan reconocer su valor personal y ejercer su derecho a una vida libre de violencia. Señaló que romper con estos patrones no es solo una decisión individual, sino un proceso que requiere apoyo institucional y un cambio profundo en la cultura social.

