Lejos de ser solo un momento de diversión, quebrar la piñata en Año Nuevo se ha convertido en Monclova en una forma simbólica de agradecer por todo lo vivido en el año y recibir con alegría lo que traerá el año nuevo.
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Así lo expresa Juan Antonio Rodríguez, reconocido fabricante local de piñatas, quien comparte que la demanda de estas piezas artesanales se triplica para el 31 de diciembre, superando incluso a la de la temporada navideña.
“Sí, el Año Nuevo es cuando más se venden. Es una fecha muy emotiva, la gente quiere celebrar lo que vivió, lo que aprendió… y también llenarse de esperanza para lo que viene. Por eso la piñata se ha vuelto tan importante”, expresó.
El diseño favorito: dorado, negro… y el número del nuevo año
Rodríguez explicó que la piñata más pedida es la de colores dorado y negro, con el número del año que está por entrar: “2026”.
“Cada vez se piden más así. Es una forma bonita de decir ‘gracias 2025, bienvenido 2026’. Las familias la quiebran juntas, ríen, sueñan, piden deseos. Es algo muy bonito”.
Artesanía con sentido y trabajo compartido
En su casa y con apoyo de otras familias, Rodríguez fabrica entre 150 y 300 piñatas en estos días, generando no solo alegría sino también ingresos compartidos para varias personas.
“Las piñatas de Año Nuevo se disfrutan más, se sienten más. Repartimos el trabajo entre todos, y ellos también ganan”.
También mencionó que incluso hay envíos a otras ciudades como Piedras Negras o Acuña, lo que habla del cariño que la gente tiene por esta tradición.
Más que dulces: una manera de cerrar y comenzar con ilusión
La piñata, más allá de lo lúdico, se ha transformado en un símbolo de cierre de ciclo, de gratitud, y de nuevos comienzos. Una costumbre que crece cada año y que refleja el deseo profundo de muchas familias de vivir el paso de un año a otro con alegría, reflexión y unión.

