La tarde cayó silenciosa en la colonia El Milagro, donde la rutina se detuvo al descubrirse la muerte solitaria de un hombre conocido por vecinos como “El Matero”
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El cuerpo fue encontrado en el vivero de avenida Cuauhtémoc, espacio que durante años fue refugio, trabajo y hogar improvisado para este hombre humilde fallecido.
Ahí transcurrieron sus días entre plantas, tierra húmeda y silencios largos, acompañados solamente por saludos breves de comerciantes cercanos que lo miraban siempre trabajar solo.
Uno de ellos recordó verlo cerca de las siete horas del jueves, cansado, enfermo, temblando ligeramente por el frío que abrazaba la mañana gris de invierno temprano.

Con un gesto sencillo, le ofreció un café caliente, intentando aliviar la onda gélida y una tristeza que parecía permanente en su mirada cansada diaria.
Nadie imaginó que horas después, cerca de las 14:00 horas, el vivero guardaría un silencio definitivo y doloroso para quienes lo conocían desde hacía tanto tiempo.
Don Miguel, de 58 años, fue hallado dentro su pequeño cuarto de madera cubierto con plásticos que llamaba casa desde hacía años.
El sitio cerrado despertó sospechas, y un conocido, don Federico Barbosa, decidió entrar sin prever el triste hallazgo que cambiaría la tarde para siempre ahí.
Al confirmar la escena, se pidió ayuda urgente, llegando paramédicos de Cruz Roja para intentar salvar lo insalvable en aquel rincón olvidado por muchos años.
Los socorristas solo pudieron confirmar la ausencia de signos vitales, marcando el final discreto de una vida trabajadora que pasó desapercibida entre calles y plantas.
Autoridades municipales acordonaron el área, mientras la Fiscalía inició diligencias, señalando que el fallecimiento obedeció a causas naturales sin ruido, sin testigos, sin despedidas formales.
Así, el vivero quedó vacío, guardando memorias de un hombre sencillo cuya ausencia pesa más que cualquier palabra entre macetas, tierra, frío, café, silencio eterno.

