Publicidad NRT
NVA.ROSITA,COAH.-En el marco del aniversario de la tragedia que marcó para siempre a la Región Carbonífera, el obispo de la Diócesis de Piedras Negras, Alfonso Gerardo Miranda Guardiola, elevó un mensaje de consuelo, fe y firme llamado a la responsabilidad, al acompañar a las familias que aún cargan el dolor por la pérdida de sus seres queridos.
“En este día del aniversario de este trágico y lamentable accidente, queremos expresar una vez más nuestra cercanía y acompañamiento a las familias, encomendar el alma de nuestros hermanos que partieron y abrazar el dolor”, expresó el prelado.
TE PUEDE INTERESAR:“Hasta el último día de mi sexenio se va a continuar con la búsqueda”: Claudia Sheinbaum
Frente al sitio que se ha convertido en símbolo de luto y memoria colectiva, el obispo afirmó que este lugar debe transformarse en un “santuario del dolor y de la esperanza”, un espacio donde el sufrimiento no sea olvidado, pero donde también se renueve la fe y la fortaleza espiritual.

“El mensaje para las familias es aferrarnos a Dios. Él es quien nos sostiene, quien nos levanta, quien da sentido a nuestra vida por encima de los acontecimientos dolorosos. Hay accidentes, hay muerte, hay sufrimiento, pero el Señor no nos abandona”, señaló.
Llamado a la seguridad y la justicia laboral
Más allá del consuelo espiritual, Monseñor Miranda Guardiola lanzó un exhorto claro a empresarios y autoridades para que garanticen condiciones dignas y seguras en los centros de trabajo, particularmente en la actividad minera que caracteriza a la Región Carbonífera de Coahuila.

“Es necesario acentuar el tema de la seguridad y todo lo que tiene que ver con la debida remuneración y justicia para los trabajadores. Tanto los mineros como las empresas deben poner el máximo empeño en la seguridad y actuar con la mayor responsabilidad”, subrayó.
El obispo recordó que esta es la tercera ocasión que acude a este emblemático sitio: la primera para encontrarse con las familias; la segunda, durante el 19 aniversario; y ahora, en el 20 aniversario de la tragedia que sigue viva en la memoria colectiva.
Su presencia, dijo, no es solo protocolaria, sino un acto de comunión con un pueblo que ha sufrido, pero que no pierde la esperanza.
“Que Dios los bendiga a todos”, concluyó.
En medio de la herida abierta que dejó la tragedia minera, la Iglesia reiteró su acompañamiento a las viudas, hijos y familiares, al tiempo que insistió en que la memoria debe traducirse en responsabilidad, justicia y garantías reales de seguridad para quienes diariamente descienden a las entrañas de la tierra.

