Han pasado apenas veintidós días desde que Armando Reyes Sánchez perdió la vida en las vías del tren, aquel fatídico seis de febrero.
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El recuerdo aún late en la colonia Estación Fierro, donde la ausencia se siente como un eco constante. Allí volvió su esposa, María García, de 52 años.
Vecinos la observaron sentarse sobre los rieles, con una botella de cerveza entre las manos, como si buscara conversar con el fantasma de Armando.
El sol caía lentamente y la tarde se teñía de melancolía. La escena despertó alarma: la mujer parecía atrapada en su propio duelo.
Habitantes del sector, conmovidos y temerosos, intervinieron de inmediato. La retiraron del sitio, evitando que la tragedia volviera a repetirse en el mismo escenario doloroso.
Eran cerca de las seis de la tarde cuando solicitaron apoyo a Seguridad Pública. La presencia policial se convirtió en un respiro para quienes presenciaban la escena.
Los oficiales dialogaron con María, quien mostraba un rostro marcado por la tristeza. La reciente pérdida de su esposo la mantenía visiblemente afectada y vulnerable.
Ante el riesgo de permanecer en el área, los elementos decidieron trasladarla a la comandancia municipal, donde quedó bajo resguardo preventivo para proteger su integridad.
La situación generó consternación entre las familias del sector. Varios menores fueron testigos del despliegue, recordando el mismo lugar donde semanas atrás ocurrió la tragedia de Armando.
El episodio dejó una sensación de nostalgia y fragilidad en la comunidad. La memoria del esposo fallecido y el dolor de su viuda se entrelazaron.
En las vías del tren, donde el hierro guarda silencios y despedidas, la historia de María y Armando se convirtió en símbolo de amor y pérdida.

