Se celebró una Misa por la paz y por las víctimas de desaparición forzada, en la que se elevó una oración especial por las familias que buscan a sus seres queridos en medio de la violencia que afecta a México
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En su homilía, Mons. Francisco Javier Acero, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, expresó la cercanía de la Iglesia con quienes han sido golpeados por este dolor.
“Quiero dar la bienvenida y saludar a todas aquellas personas que han sido heridas en su corazón, en su alegría, a quienes de una u otra manera han sido afectados por la violencia. Hermanos, la Iglesia está con ustedes, la Iglesia les acompaña… No están solos”, afirmó el obispo durante la Santa Misa celebrada en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.

En su reflexión, Mons. Acero recordó el relato bíblico de la unción del rey David, subrayando que Dios suele elegir lo pequeño y humilde para realizar su obra.
A partir de ese pasaje, destacó el testimonio de las familias que buscan a sus hijos desaparecidos, a quienes describió como ejemplo de humildad y perseverancia.
“La humildad nos la enseñan las familias que buscan a sus hijos desaparecidos, que necesitan nuestro apoyo de manera sencilla desde la escucha”, señaló.
El obispo invitó a la sociedad a acercarse a su dolor con empatía, recordando que muchas de estas familias se levantan cada día con la esperanza de encontrar a sus seres queridos.

Mons. Acero también lanzó un fuerte llamado a quienes participan en actividades criminales, invitándolos a cambiar de vida.
“¡Abran su corazón al Señor! Dejen de matar, de sembrar miedo entre la población. El dinero de los negocios sucios y de los delitos mafiosos es dinero ensangrentado y produce un poder inicuo”, expresó.
Subrayó que la violencia y la corrupción son obras de las tinieblas que no generan vida, mientras que la bondad, la justicia y la verdad son frutos de la luz que deben brillar en la sociedad.

El obispo también recordó palabras del Papa Francisco, quien advirtió que no puede construirse un futuro de paz mientras existan víctimas sin verdad ni justicia.
“Una sociedad no puede sonreír al futuro teniendo sus muertos escondidos”, citó. Por ello, insistió en que la paz verdadera solo será posible cuando se reconozca la dignidad de cada víctima y se busque la verdad sobre quienes han desaparecido.
Finalmente, Mons. Acero invitó a la sociedad a construir puentes y no muros, promoviendo una cultura del encuentro basada en la escucha, el diálogo y la cercanía con quienes sufren.
“Es tiempo de construir puentes, derribar muros y sembrar reconciliación”, afirmó.
El obispo subrayó que la capacidad de escuchar está en la raíz de la paz, y que el diálogo con las víctimas y sus familias es un paso necesario para sanar las heridas que la violencia ha dejado en el país
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