Un equipo de paleontólogos de México e Inglaterra ha identificado una nueva especie de mosasaurio en el noreste del país, un depredador marino que habitó los océanos hace aproximadamente 70 millones de años, cuando gran parte del territorio mexicano estaba cubierto por un antiguo mar tropical.
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El descubrimiento, publicado en la revista científica Neues Jahrbuch für Geologie und Paläontologie, describe a Prognathodon cipactli, un reptil marino especializado en capturar presas grandes y resistentes, lo que lo convertía en uno de los depredadores dominantes de su ecosistema.
El nombre de la nueva especie tiene un fuerte significado simbólico. El epíteto específico cipactli hace referencia a Cipactli, el monstruo acuático primordial de la mitología mexica. En los relatos cosmogónicos mesoamericanos, Cipactli era una criatura híbrida entre reptil y pez cuyo cuerpo fue dividido por los dioses para formar la tierra y el cielo.

“Nos pareció apropiado nombrar a este antiguo depredador marino en honor a una criatura mítica asociada con el océano primordial”, señaló Rivera-Sylva. El nombre busca conectar el descubrimiento paleontológico con las raíces culturales de México y con las antiguas tradiciones que describían criaturas marinas colosales mucho antes de que la ciencia revelara su existencia en el registro fósil.
Los mosasaurios fueron reptiles marinos gigantes emparentados con los lagartos actuales. Durante los últimos millones de años del Cretácico dominaron los mares del planeta, ocupando el papel ecológico que hoy tienen grandes depredadores marinos como los tiburones o las orcas.
Sin embargo, a diferencia de otros países, el registro fósil de mosasaurios en México ha sido relativamente escaso, por lo que cada nuevo hallazgo aporta información clave sobre la evolución de estos animales.

MOSAURIOS
“Este descubrimiento confirma la importancia de México para comprender la evolución de los reptiles marinos del Cretácico”, explicó el paleontólogo Dr. Héctor Rivera-Sylva, autor del estudio. “Nos permite entender mejor cómo evolucionaron algunos de los depredadores más impresionantes que han existido en los océanos”.
El ejemplar fue descubierto en 2001 en afloramientos de la Formación Méndez, cerca del Rancho Las Barretas, aproximadamente a 10 kilómetros al noreste de Linares, Nuevo León.
Esta formación geológica se originó en un ambiente marino durante el Maastrichtiano temprano, hace alrededor de 70 millones de años, cuando gran parte del noreste de México estaba cubierta por un mar que formaba parte del Mar Interior Occidental, una vasta vía marina que dividía América del Norte.
El fósil consiste en un cráneo relativamente completo de mosasaurio. Aunque en su momento se reportó que el esqueleto estaba asociado a más restos, solo el cráneo fue recuperado y el sitio original del hallazgo no ha podido ser localizado nuevamente.
El espécimen fue descrito por primera vez en 2007, pero en aquel momento los investigadores no pudieron determinar con precisión a qué especie pertenecía y fue clasificado simplemente como un mosasaurio indeterminado.

El nuevo estudio permitió analizar con mayor detalle su anatomía y reconocer rasgos diagnósticos que lo ubican claramente dentro del género Prognathodon, un grupo de mosasaurios conocidos por su poderoso aparato mandibular.
Además, las características únicas del cráneo demostraron que se trata de una especie completamente nueva para la ciencia.
El cráneo muestra una serie de adaptaciones típicas de depredadores capaces de capturar presas grandes. Entre ellas destacan: hocico corto y robusto, mandíbulas profundas y poderosas, dientes gruesos con esmalte rugoso.
Estas características indican que el animal estaba adaptado para capturar y procesar presas duras o grandes, posiblemente otros reptiles marinos, peces de gran tamaño o animales con caparazón.
A pesar de estas adaptaciones propias de depredadores muy especializados, Prognathodon cipactli no alcanzaba los tamaños gigantescos de algunos de sus parientes más famosos. Este detalle llevó a los investigadores a una conclusión evolutiva interesante.
“El tamaño relativamente pequeño del animal sugiere que primero evolucionaron las adaptaciones para capturar presas grandes, y solo después algunas especies alcanzaron tamaños gigantescos”, explicó Rivera-Sylva.
Los investigadores señalan que este patrón evolutivo tiene paralelos en algunos animales marinos actuales. En el grupo de los cetáceos, por ejemplo, ciertas especies relativamente pequeñas como las llamadas falsas orcas u orcas pigmeas ya muestran comportamientos de depredación sobre presas grandes. Posteriormente, en la evolución del grupo, surgieron las orcas modernas, que alcanzaron mayores tamaños y se convirtieron en depredadores dominantes en los océanos actuales. Algo similar pudo haber ocurrido con los mosasaurios.

Algunas especies relativamente pequeñas desarrollaron primero adaptaciones para capturar grandes presas, y posteriormente otras líneas evolutivas evolucionaron hacia tamaños gigantes.
Este proceso también se observa en otros mosasaurios depredadores altamente especializados, como Thalassotitan, un enorme cazador marino descubierto recientemente en Marruecos.
El nuevo fósil mexicano podría representar una etapa temprana en la evolución de este tipo de depredadores marinos, ampliando la diversidad conocida de mosasaurios en México y aporta nueva evidencia sobre la evolución de los grandes depredadores marinos en los últimos millones de años del Cretácico.
“Cada nuevo fósil nos permite reconstruir con mayor precisión cómo eran los ecosistemas marinos del pasado”, concluyó Rivera-Sylva. “Este hallazgo demuestra que los mares que cubrían lo que hoy es México también estuvieron habitados por algunos de los depredadores más impresionantes de la historia de la vida”.
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