Comerciante decidió acabar con su vida

En el mismo mostrador donde tantas veces ofreció consejos y sonrisas, Edgar decidió despedirse, dejando un vacío irreparable en la ferretería del fraccionamiento Carranza.

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Los vecinos de la calle Ecuador, entre Almadén y Padre Larios, lo recuerdan como un hombre generoso, siempre dispuesto a orientar sobre instalaciones y materiales.

Durante días, la cortina permaneció cerrada, algo inusual para alguien tan comprometido con su negocio. La ausencia despertó inquietud entre quienes lo consideraban parte de su vida.

La tarde del sábado, antes de las seis, una clienta llegó buscando atención. Al ver la cortina abierta, extrañó no encontrarlo detrás del mostrador.

Intrigada, ingresó al local. En la bodega descubrió la escena que nadie hubiera querido presenciar: Edgar había decidido poner fin a su existencia.

El desconcierto se transformó en tristeza profunda. La mujer, temblorosa, avisó de inmediato a las autoridades, incapaz de asimilar la pérdida de un rostro tan familiar.

Elementos de la policía preventiva acudieron rápidamente, acordonando el área. Confirmaron el deceso y solicitaron la intervención de la fiscalía para iniciar las diligencias correspondientes.

La noticia se esparció con rapidez. Vecinos salieron de sus casas, incrédulos, recordando las charlas, los consejos y la sonrisa que siempre acompañaba sus atenciones.

En cada tornillo vendido, en cada herramienta recomendada, Edgar dejó huellas de humanidad. Su ferretería era más que negocio: era punto de encuentro comunitario.

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