«La concentración del poder tecnológico, económico y militar en manos de unos pocos amenaza tanto la participación democrática de los pueblos como la concordia internacional». Es un pasaje del mensaje del Papa a la Pontificia Academia de Ciencias Sociales reunida en sesión plenaria.
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El poder no como un fin en sí mismo, sino como un medio para alcanzar el bien común; la templanza que «sirve de barrera contra el abuso de poder»; el orden internacional que surge del equilibrio de poder y la democracia que se mantiene sana si se arraiga en la ley moral.
Estas son algunas de las ideas que el Papa León ofrece en el mensaje en inglés enviado a los participantes en la sesión plenaria de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, que se celebra desde hoy, 14 de abril, hasta el 16, sobre el tema: El uso del poder: legitimidad, democracia y la redefinición del orden internacional.
«Un tema —escribe el Papa— particularmente actual, que centra nuestra reflexión en el ejercicio del poder, elemento fundamental para construir la paz dentro de las naciones y entre ellas en este momento de profundo cambio global»

La autoridad y el poder legítimo encuentran su expresión en la democracia, que reconoce la dignidad del hombre y lo invita también a participar en la búsqueda del bien común.
«La democracia, sin embargo, solo se mantiene sana cuando está arraigada en la ley moral y en una verdadera visión de la persona humana. Carente de este fundamento —se lee en el mensaje—, corre el riesgo de convertirse en una tiranía mayoritaria o en una máscara para el dominio de las élites económicas y tecnológicas»
La reflexión del Papa se extiende también al orden internacional, regido por los mismos principios que sustentan el ejercicio de la autoridad dentro de las naciones.

«Una verdad —escribe— que es especialmente importante recordar en un momento en que las rivalidades estratégicas y las alianzas cambiantes están redefiniendo las relaciones globales».
Un orden internacional justo y estable, según el pensamiento de León, «no puede surgir del simple equilibrio de poder ni de una lógica puramente tecnocrática.
La concentración del poder tecnológico, económico y militar en manos de unos pocos amenaza tanto la participación democrática de los pueblos como la concordia internacional»

De ahí el llamamiento, en línea con sus predecesores, a que se renueven las instituciones inspirándolas en el principio de subsidiariedad, replanteándose también las modalidades de la cooperación internacional.
Al detenerse luego en una perspectiva de fe, el Papa recuerda que «el poder divino no domina, sino que más bien sana y recompone», porque recurre a la lógica de la caridad «para construir una cultura de la reconciliación capaz de superar las insidias de la indiferencia y la impotencia»
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