En la colonia Las Esperanzas, la madrugada no trajo serenatas ni canciones románticas, sino un escándalo digno de corrido. Resulta que Nayely Lisette Quintero García, acompañada de su prima Joselin, salió de una reunión con el corazón adolorido y las copas de más. Entre risas y lágrimas, comenzaron a escuchar esas melodías que solo los despechados entienden, y de pronto, Nayely tomó una decisión: ir a buscar a su ex, Brandon Gibran Villarreal Jaramillo.
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Brandon dormía plácidamente junto a su hijo de cinco años, sin imaginar que el pasado tocaría a su puerta… o mejor dicho, a su carro. Cerca de las cinco de la mañana, los vecinos escucharon un estruendo: vidrios quebrándose como si fueran fuegos artificiales. Al asomarse, vieron a Nayely, bate amarillo en mano, descargando toda su furia contra el Chrysler 300 color arena, ese mismo vehículo que guardaba demasiados recuerdos de la relación. Entre lágrimas y golpes, la mujer parecía encontrar más valor en cada cristal que caía hecho pedazos.
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El escándalo fue tal que Brandon no tuvo más remedio que llamar a la patrulla. Elementos municipales llegaron a la calle Villa Victoria número 400, donde hallaron a las dos primas ebrias y alterando el orden. Joselin, testigo y cómplice de la travesura, intentaba calmar a su prima, pero la escena ya estaba escrita: Nayely fue detenida y turnada al ministerio público por los daños ocasionados en ese arranque de ira.
Dicen que el despecho no perdona, y que cuando la música de los adoloridos suena, más vale esconder los vidrios. Porque en Las Esperanzas, aquella madrugada, lo que se quebró no fue solo un carro… sino las ilusiones de que el pasado podía quedarse quieto.

