La mañana en Monclova se tiñó de tristeza con la repentina partida de la señora Isidra, una mujer de 66 años que, tras dedicar su vida al trabajo y a su familia, encontró un destino inesperado sobre el Boulevard Harold R. Pape.
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El fin de semana lo había pasado en la colonia Obrera, acompañada de su hija, compartiendo esos momentos sencillos que se convierten en recuerdos entrañables. Desde temprano, como tantas veces, emprendió su camino hacia el norte del municipio, donde trabajaba como empleada doméstica. Pretendía tomar el camión con la esperanza de llegar puntual, con esa disciplina que la caracterizaba.
Al caminar por la avenida Tres, buscó cruzar hacia el oriente. Frente a las enormes ballenas de concreto que dividen la arteria principal de la ciudad, intentó aprovechar un espacio para ahorrar tiempo. Era un gesto cotidiano, casi rutinario, pero aquel lunes se transformó en tragedia.
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Un Chevrolet Spark blanco, conducido por Alberto, de 72 años, se dirigía hacia el sur para dejar a un pasajero. El encuentro fue fatal. El impacto proyectó el cuerpo de la señora contra el parabrisas del taxi de la línea Radio Taxi Express, y luego contra el pavimento. El golpe en la cabeza fue tan severo que la vida de Isidra se apagó en un instante.
Las autoridades acordonaron el lugar, desviaron la circulación y procedieron con las diligencias. El taxista fue detenido, mientras el cuerpo de la mujer era levantado.
Queda la imagen de una madre que, tras despedirse de su hija, salió a cumplir con su deber, sin imaginar que aquel trayecto sería el último. Su ausencia deja un vacío profundo, y su historia se convierte en un recordatorio de lo frágil que puede ser la rutina diaria, cuando la vida decide detenerse de golpe.
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