“La vida no es una carrera para lucirse en solitario”, dice el papa León XIV a propósito del Mundial

En el encuentro con las realidades diocesanes de caridad y asistencia, el Papa, además de recalcar su afición al tenis, que no hay que abandonar a los abuelos o que hay que aprender a perdonar, recordó que el cristiano además de ser bondadoso, compasivo y desinteresado, debe ser consciente de que el hermano que sufre, es el mismo Señor, que debe ser acogido y amado, porque su dignidad no depende de quién es, de dónde viene o qué posee, sino del haber sido creado a imagen de Dios

Que mañana comienza el Mundial de Futbol, que le gusta más el tenis, que ni de niño ni de adulto quiso ser Papa y que en las situaciones difíciles Dios siempre está presente, fueron solo algunas de las respuestas del Papa a Renzo, un niño de 6 años, y uno de los testimonios en el encuentro, esta tarde, con las realidades diocesanas de caridad y asistencia de la Iglesia de Barcelona.  

En la Iglesia parroquial de san Agustín, en el barrio popular de Raval, León XIV fue recibido con sencillez y cariño. Algunos parroquianos fuera del templo, no muchos, incluso algunos discapacitados, recibieron el saludo de la mano del Pontífice. Entró en el recinto animado y sonriendo, manifestando su emoción por el lugar del encuentro, confesó que no era simplemente porque esa iglesia está dedicada a San Agustín, sino porque en un viaje de Roma a León por tierra, en 1984, le hablaron de esa parroquia y cuando fue a visitarla, estaba cerrada.

Este el tono jovial y anecdótico del Santo Padre desde el comienzo del evento, en confianza, “como en casa”, dijo él mismo. Tras el saludo del cardenal, arzobispo de Barcelona, Juan José Omella y los testimonios de tres trabajadores en proyectos de asistencia en sectores vulnerables, desde familias pobres, inmigrantes o sin techo, hasta drogadictos o víctimas de la trata, el Pontífice abrió su discurso tratando de contestar una a una las preguntas del Renzo.

“Todo el mundo sabe que ahora juego a tenis”, dijo el Papa respondiendo a Renzo, aunque contó que de joven practicó el fútbol americano, “un poco más violento”, y jugaba de defensa con los seminaristas en Trujillo, Perú.  El deporte es sano para la mente, el cuerpo y el alma, aseguró, y también nos ayuda a recordar algo muy importante: “que la vida no es una carrera para vivir en una forma en solitaria, es algo que se juega en equipo y hay que aprender”.

“Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida”.

“Todo niño es un sueño de Dios. Tú también lo eres. Dios desea la felicidad de todos y quiere que, desde pequeños y durante toda la vida, conservemos un corazón como el de los niños, capaz de confiar, lleno de bondad; quiere que seamos sus amigos y no nos apartemos de Él”, le dijo el papa.

A la última pregunta de Renzo, sobre cómo podemos perdonar, León XIV le explicó que “perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño”.

“Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón”, concluyó el papa

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