Entre flores, abrazos y recuerdos compartidos, familiares, amigos y pequeños peloteros despidieron este viernes a Antonio Villanueva, el jardinero y entrenador de béisbol infantil que perdió la vida tras sufrir una descarga eléctrica mientras realizaba labores de mantenimiento en una vivienda de la colonia Guadalupe y que dejó una profunda huella en decenas de niños de Monclova.
Su cuerpo fue velado en la Capilla 288. Sin embargo, para muchos de los presentes Antonio no era solamente un trabajador ejemplar. Era también un formador de niños, un entrenador de béisbol que dedicó gran parte de su tiempo a impulsar a nuevas generaciones dentro del diamante.
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Durante el velorio, el ambiente estuvo marcado por la tristeza, pero también por las muestras de cariño de quienes compartieron con él dentro y fuera de los campos de juego.
Su esposa, Joana Ibarra, lo recordó como un hombre dedicado por completo a su familia.
“Era el mejor papá para mis hijos. Siempre trabajando por ellos, por mí. Era una excelente persona, el mejor hijo, el mejor hermano, el mejor tío y el mejor esposo”, expresó entre lágrimas.
Antonio deja a tres hijos: Jeray, de 12 años; Tadeo, de 8; e Isabela, de apenas dos años.
Además de desempeñarse en labores de mantenimiento y jardinería, Antonio era entrenador de béisbol infantil en la organización Gigantes de la Furia Azul, donde dirigía las categorías de 5 y 6 años, así como de 7 y 8 años.
Su pasión por el deporte era tal que la tarde en que ocurrió el accidente tenía previsto acudir a un importante encuentro de su equipo.
“Iba a jugar ayer. Estaba muy ilusionado porque era el campeonato. Él daba todo por sus niños y por su equipo, pero le hablaron para hacer ese trabajo y ya no pudo llegar al juego”, relató su esposa.
Incluso, recordó que Antonio ya tenía preparado el uniforme que utilizaría en el encuentro.
“Su camisola estaba lista. Iba a ponerse la misma con la que habían ganado el primer juego”, contó.
La noticia de su fallecimiento provocó numerosas muestras de solidaridad dentro de la comunidad beisbolera de Monclova. Organizaciones deportivas, entrenadores, padres de familia y pequeños jugadores lamentaron la pérdida de quien consideraban un guía dentro y fuera del terreno de juego.
Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando familiares y niños que fueron entrenados por Antonio firmaron dos pelotas de béisbol como símbolo de cariño, respeto y agradecimiento por las enseñanzas que dejó a lo largo de los años.
Las pelotas, cubiertas con mensajes y firmas, se convirtieron en un homenaje silencioso a quien dedicó parte de su vida a formar deportistas y transmitir valores a los más pequeños.
Mientras familiares esperan la llegada de seres queridos procedentes de Estados Unidos para continuar con los servicios funerarios, Joana Ibarra aseguró que la principal petición para quienes deseen apoyar a la familia son las oraciones.
“Mis hijos adoraban a su papá. Para ellos era todo. Lo único que pedimos son oraciones para ellos”, expresó.
Entre lágrimas, abrazos y recuerdos compartidos, Monclova despidió no sólo a un trabajador, sino también a un entrenador que dejó huella en decenas de niños que hoy lo recuerdan como alguien que siempre creyó en ellos.
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