La presencia de Dios puede resultar difícil de reconocer cuando las personas enfrentan pérdidas, problemas familiares o incertidumbre, señaló monseñor Néstor Martínez Sánchez durante la misa dominical en Monclova. El vicario general de la Diócesis de Saltillo explicó que en los momentos de mayor dificultad es cuando la divinidad busca estar más cerca de los fieles.
Durante la homilía en el templo de Santiago Apóstol, el sacerdote exhortó a la comunidad a prepararse espiritualmente. Afirmó que identificar la presencia de Dios requiere romper las barreras del ruido cotidiano y las preocupaciones que generan enajenación en el ser humano.
La presencia de Dios en medio de las dificultades actuales
Tomando como referencia al profeta Elías, Martínez Sánchez explicó que el encuentro con lo sagrado no siempre ocurre en eventos espectaculares. Según el relato bíblico, Dios no estaba en el terremoto ni en el fuego, sino en una brisa suave y silenciosa. Esta metáfora sirve para entender que la presencia de Dios se manifiesta de forma discreta en el desempleo o los conflictos matrimoniales.
El clérigo subrayó que el ruido de los problemas personales suele impedir que las personas escuchen la voz divina. Por ello, es fundamental superar el peso de las adversidades para notar que el acompañamiento espiritual permanece constante a pesar de las crisis sociales que afectan emocionalmente a la población.
Apoyo espiritual en la recuperación de adicciones
Un punto clave del mensaje fue la relación entre la presencia de Dios y la superación de enfermedades como el alcoholismo. Monseñor Martínez mencionó que quienes enfrentan adicciones suelen sentirse en un hoyo profundo, donde la fe se convierte en una herramienta de rescate fundamental.
En este contexto, destacó el trabajo de Alcohólicos Anónimos, organización que recientemente celebró un Congreso Regional en Monclova. El sacerdote compartió testimonios de personas que atribuyen su recuperación al encuentro con una fuerza superior, logrando transformar sus vidas mediante la espiritualidad y la ayuda mutua.
Finalmente, la Iglesia instó a los ciudadanos a no esperar a vivir una tragedia para buscar la presencia de Dios. El mensaje concluyó con un llamado a educar los sentidos: usar los ojos para buscar, los oídos para escuchar y el corazón para amar, estableciendo así una jerarquía de valores que priorice la paz interior sobre los estímulos externos.

