La tarde del domingo quedó marcada por la tristeza en el sector El Pueblo. Entre el bullicio cotidiano y el aroma de pizzas recién horneadas, la vida de Juan Alfonso, un hombre de 57 años dedicado al reparto en la pizzería Mozzarella, se apagó de manera repentina mientras cumplía con su jornada laboral.
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Al volante de una camioneta Chevrolet blanca, Juan avanzaba por la avenida Juárez rumbo al puente Cal y Canto. Testigos relatan que, al pasar frente a la Alameda, comenzó a sentirse mal, con un dolor en el pecho que lo obligó a detenerse. Apenas alcanzó a impactar contra un Ford Focus guindo y, con esfuerzo, intentó abrir la puerta para pedir ayuda. No hubo tiempo: sus fuerzas lo abandonaron y se desplomó sobre el pavimento, dejando atónitos a quienes presenciaron la escena.

La urgencia movilizó a paramédicos de la Cruz Roja, pero nada pudieron hacer más que confirmar lo inevitable: Juan Alfonso había fallecido. La hipótesis inicial apunta a un infarto fulminante, aunque será la necropsia la que determine con certeza la causa de su muerte.
Elementos de Control de Accidentes y agentes de la Fiscalía acudieron para realizar las diligencias correspondientes, mientras la camioneta fue asegurada y retirada con una grúa. La circulación permaneció restringida por algunos minutos, pero lo que realmente quedó detenido fue el ánimo de quienes conocían al trabajador.
Juan Alfonso no era solo un empleado: era un vecino, un padre, un hombre que dedicó años a recorrer las calles llevando alimento y sonrisas. Su partida repentina recuerda la fragilidad de la vida y deja un vacío en la rutina de quienes lo esperaban de regreso a casa.

