Regular celulares en las escuelas no basta: Iglesia llama a familias a revisar también cuánto tiempo pasan frente a una pantalla

l semanario católico Desde la Fe llamó a mirar el debate sobre la regulación del uso de teléfonos celulares y tabletas en las escuelas, al advertir que el problema no puede reducirse a prohibir dispositivos, sino que exige una educación digital que involucre a estudiantes, maestros y familias.

En su reflexión, publicada en el contexto del regreso a clases de alumnos de educación básica en México, el semanario señaló que la Secretaría de Educación Pública ha colocado en la conversación pública la necesidad de regular el uso de pantallas dentro de los planteles. Actualmente, indicó, 19 estados del país ya regulan o prohíben estos dispositivos, salvo cuando exista autorización del maestro para una actividad escolar.

Desde la Fe reconoció que a primera vista esta postura podría parecer contradictoria, porque durante años se impulsó el cierre de la brecha digital, el acceso a internet y la entrega de dispositivos como herramientas educativas. Sin embargo, sostuvo que aprender a utilizar técnicamente una tecnología no significa saber relacionarse con ella.

Obispo Hilario Gonzalez
Obispo Hilario Gonzalez

El semanario advirtió que las nuevas generaciones han crecido conectadas a una pantalla y que las redes sociales forman parte de su manera de comunicarse, entretenerse e informarse. No obstante, alertó que el uso excesivo puede favorecer la distracción, fragmentar la atención y dificultar la concentración.

Señaló que niñas, niños y adolescentes se encuentran en un proceso de formación de personalidad y criterios, por lo que la exposición a estímulos, tendencias, opiniones y modelos de vida puede imponerles una carga difícil de procesar.

Desde la Fe consideró que la avalancha de información y desinformación representa un reto educativo. Aclaró que el pensamiento crítico debe promoverse, pues un estudiante que pregunta, contrasta y cuestiona está aprendiendo, pero advirtió que existe un problema cuando lo que circula en redes adquiere mayor autoridad que la palabra de padres y maestros por ser más atractivo o popular.

El semanario sostuvo que regular los celulares en las escuelas puede ser pertinente, pero sería un error considerar que una prohibición resolverá por sí misma el problema. “Si un niño pasa varias horas sin celular en la escuela, pero llega a una casa en la que cada integrante de la familia permanece absorto en su propia pantalla, poco habremos avanzado”, planteó.

La publicación católica dirigió el cuestionamiento hacia los adultos y pidió revisar sus propios hábitos digitales. Señaló que no basta con medir cuánto tiempo pasan los hijos frente al celular, sino preguntarse cuánto tiempo pasan los padres frente al suyo, cuántas conversaciones interrumpen para atender una notificación y cuántas veces están físicamente presentes, pero con la atención en otro lugar.

Desde la Fe afirmó que el problema de las pantallas no corresponde exclusivamente a las nuevas generaciones, pues los adultos han permitido que ocupen espacios antes destinados a la conversación, el silencio, la lectura, el descanso y el encuentro.

Por ello, planteó una educación digital integral, en la que las familias reciban herramientas para establecer límites, acompañar a sus hijos y aprender a gestionar el uso de la tecnología.

El texto retomó además enseñanzas del Papa León XIV sobre la formación ante las nuevas tecnologías. Citó su llamado a desarrollar una nueva conciencia educativa y a fomentar un uso correcto y crítico de herramientas digitales, inteligencia artificial y plataformas electrónicas.

También recordó que no bastan las actualizaciones técnicas, sino que se requiere “custodiar un corazón que escucha, una mirada que anima, una inteligencia que discierne”.

Desde la Fe concluyó que las herramientas digitales tienen beneficios para aprender, trabajar y comunicarse, pero deben permanecer al servicio de la persona y no convertir a la persona en servidora de la pantalla.

Boy playing videogames at home

El semanario insistió en que regular el celular puede ser un buen comienzo, pero no debe transformarse en una forma de tranquilizar la conciencia de los adultos ni en un juicio contra las nuevas generaciones.

La tarea, señaló, exige tiempo, presencia y disposición para sentarse junto a niñas, niños y adolescentes, conocer lo que miran, escuchar sus preocupaciones y ayudarlos a construir criterios para discernir lo que encuentran en una pantalla.

Y lanzó una última pregunta a padres y adultos: si se exige a los jóvenes poner en pausa el celular, ¿están ellos dispuestos a hacer lo mismo para escucharlos?

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