Los videojuegos una alternativa al aislamiento y distanciamiento social en la “nueva normalidad”

Durante los últimos meses, las ventas de videojuegos se han disparado, tan solo en  Estados Unidos, las cifras han crecido cerca de un 75 % y es que en estos tiempos de pandemia han aumentado significativamente el número de jugadores.

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Atrás quedo el tiempo en que esta afición se asociaba a una franja demográfica o un sexo concreto, pues la edad media del jugador promedio roza hoy los 35 años, y la distribución entre hombres y mujeres es casi del 50%. Y es que hoy en día todos jugamos a algo aunque sea en forma más casual, ya sea desde el teléfono celular, una computadora, en alguna consola e inclusive a un nivel casi profesional o directamente profesional.

El aislamiento y el distanciamiento social a causa de la pandemia han favorecido a que más y más personas se animen a jugar, incluso muchos exjugadores han vuelto a retomar el habito, pues tarde o temprano nos quedamos cortos con el contenido de entretenimiento en la televisión o algún sistema de paga y con más tiempo en casa hay que buscar formas de entretenerse.

Incluso muchos padres han descubierto el placer de jugar con sus hijos pequeños. Los límites de tiempo se han relajado –se acabó eso de prohibido jugar durante los días laborables–, aunque sea únicamente por la desesperación que supone buscar actividades alternativas para ellos cuando al mismo tiempo hay que estar contestando videollamadas de Zoom o correos electrónicos.

El ocio digital no solo ha adquirido mayor visibilidad durante la pandemia del coronavirus, con innumerables ciudadanos de todo el mundo confinados en sus hogares, sino que también ha ayudado a muchos a superar la angustia de este aislamiento y distanciamiento. Ahora, la industria del videojuego se prepara para adaptarse a un mundo diferente y más social.

Como cientos de miles de personas durante este periodo de cuarentena y aislamiento, Elena, una diseñadora y empresaria valenciana de 32 años, reconoce que ha mantenido la cordura en parte gracias a Animal Crossing: New Horizons. En este título de Nintendo, los usuarios viven en una isla idílica que decoran a su gusto con todo tipo de cosas. “Poder divertirme con mis amigos, intercambiar objetos o poder ir a visitarnos en nuestras islas me ha ayudado a sobrellevarlo mucho mejor. Además, la posibilidad de ir a mi ritmo y ver la comunidad que se ha creado me motivaba a jugar, pero sin estresarme”, explica.

La sensación trasciende fronteras, clases y edades. Desde sus perfiles en redes sociales, muchos famosos, incluidos el actor Elijah Wood o el rapero Lil Nas X, no solo han reconocido estos últimos meses jugar al mismo título, sino que han abierto sus islas para que sus fans las visiten y han deambulado por las de ellos al mismo tiempo.

Optimista y divertido, Animal Crossing es, en cierto modo, el videojuego perfecto para esta pandemia. No hay riesgo, ni violencia, ni explosiones. Proporciona una inyección de buena vibra que saca lo mejor de nosotros en una situación complicada, que permite escapar a una isla cuando la realidad nos obliga a encerrarnos en casa.

Los psicólogos apuntan también a que devuelve cierta sensación de control justo en el momento en el que parece que lo hemos perdido por completo, lo cual explica parte de su éxito. En su primer mes en el mercado, Nintendo vendió cerca de doce millones de copias en todo el mundo. Otros juegos centrados en construir y administrar vidas y mundos virtuales, como Los Sims o Minecraft, también han visto cómo crecían las cifras de jugadores incluso a pesar de llevar años en el mercado. “Te devuelven la idea de que el mundo tiene sentido, o que hay reglas que puedes entender”, explica Chris Ferguson, profesor de Psicología de la Universidad de Stetson, en Florida.

El interés por ver jugar a otros también ha aumentado. Twitch, la plataforma de retransmisión de partidas en directo, ha crecido casi un 50 % en número medio de espectadores durante la pandemia. Y tal vez más importante, los juegos también han suplido la falta de otras actividades competitivas. Sin fútbol y sin baloncesto, el interés por los llamados eSports se ha disparado, y muchos profesionales de élite de disciplinas tradicionales se han volcado en la versión digital de sus deportes.

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