En México, diciembre es sinónimo de luces, villancicos, tamales… y piñatas. Esta colorida tradición, que ilumina las posadas navideñas y las despedidas de año, encuentra su magia en la colonia Borja de Frontera, donde Juan Antonio Rodríguez, quien bien puestos adjudicársele como “el zar de las piñatas”, convierte su hogar en un taller mágico.
Junto a su esposa Margarita Cedillo, Juan Antonio ha mantenido viva una tradición que comenzó hace 26 años, inspirada por la abuelita de Margarita. Aunque ella ya no está, el amor por las piñatas persiste y ha llevado a esta familia a fabricar más de 3 mil 500 ejemplares cada diciembre.
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El taller de la magia
En esta casa-taller, se respira creatividad y esfuerzo. Los materiales básicos como engrudo, papel periódico, cartoncillo y papeles de colores se transforman en verdaderas obras de arte a través de una línea de producción impecable.
El proceso inicia con grandes ollas de engrudo y pelotas infladas que pasan por el “área de embarrado”, donde se cubren con papel periódico. Luego, las piezas suben al segundo piso para secarse y endurecerse. Una vez listas, los picos y decoraciones de papel china les dan vida y color, convirtiéndolas en protagonistas de las celebraciones.

Un negocio que une y trasciende
Lo que comenzó como ventas a pequeños supermercados hoy se ha convertido en una marca reconocida en la Región Centro-Desierto. Sus piñatas llegan a Monclova, Frontera, Castaños, San Buenaventura y Nadadores, además de atraer clientes de Estados Unidos que no dudan en llevarse un pedacito de esta tradición mexicana.
Desde las más pequeñas, de 220 pesos, hasta las enormes de casi dos metros y mil 200 pesos, las piñatas de Juan Antonio no solo decoran, sino que simbolizan unidad, diversión y gratitud.
“Este negocio nos ha dado muchas satisfacciones. Es un trabajo en familia, y cada temporada también contratamos a vecinos que nos ayudan a cumplir con la demanda”, comparte Juan Antonio. La producción inicia en octubre y se extiende hasta el 28 de diciembre, uniendo a toda la comunidad en el proceso.

El simbolismo de las piñatas
Mientras que las piñatas de cinco picos son las preferidas en Navidad, en Año Nuevo predominan las de siete picos, que representan los pecados capitales. Juan Antonio explica con orgullo el significado detrás de esta tradición: romper la piñata no solo es divertido, sino liberador.
“Cuando alguien la quiebra, se libera de todo lo que quiere dejar atrás, venciendo lo malo y abriendo el corazón para recibir cosas nuevas con amor y gratitud”, comenta.
Así, cada piñata que sale del taller de la colonia Borja no solo lleva colores y dulces, sino una promesa de alegría, unidad y un nuevo comienzo para quienes las disfrutan. Una tradición que, gracias a familias como la de Juan Antonio, sigue llenando de magia las fiestas decembrinas.

