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vie, Feb, 2026

“Educar es transformar vidas”: maestra Dora Elia

En la Escuela Primaria Ford 46, al sur de la ciudad, la directora Doraelia Farías Torres ha dedicado más de tres décadas a transformar vidas desde el aula. Con una vocación inquebrantable, promueve una educación integral centrada en el respeto, la empatía y los valores. Para ella, ser maestra es mirar al alumno como ser humano, crear un ambiente cálido tanto para niños como para docentes y recordar que, a veces, un abrazo basta para cambiar un destino. Su historia es un homenaje al poder humano de la docencia.

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El aula como escenario de vida

Con más de 31 años de trayectoria, Doraelia ha va acompañado generaciones completas: ha visto a sus alumnos crecer, convertirse en padres de familia y volver a las aulas, ahora del otro lado, con sus hijos. “Una vez, un joven se me acercó y me dijo: ‘Usted fue la maestra de mi papá, y él todavía la recuerda con cariño’. Son esas cosas las que a uno le dan sentido”, cuenta.

Para ella, enseñar no es simplemente cumplir con un plan de estudios. Es mirar al niño con atención, entenderlo, respetar su esencia. “Los niños, sin importar la época, siempre cargan esa inocencia tan pura, esa alegría que contagia, y una necesidad profunda de sentirse vistos, protegidos y amados”, reflexiona.

También recuerda que muchos de los alumnos con conductas más rebeldes solo estaban buscando una cosa: atención. “Después me di cuenta que muchos de esos niños tenían problemas en sus casas. Lo que querían era sentirse escuchados. A veces, con una palmadita, con un abrazo, con eso basta para que el niño cambie”, dice con ternura.

La magia está en lo cotidiano

Doraelia cree que la clave está en lo sencillo. En aprenderse el nombre de cada alumno, en notar cuando uno llega callado o inquieto, en reconocer sus logros por pequeños que parezcan. “Cuando un niño te abraza y te dice que te quiere, ahí sabes que algo estás haciendo bien”, dice.

La directora recuerda a un alumno que, sin decir mucho, siempre se quedaba al final de la clase. “Yo notaba que no se quería ir, y un día me dijo: ‘Aquí me siento tranquilo’. A veces, la escuela es ese lugar seguro que muchos niños no tienen en casa. Y eso nos toca entenderlo como maestros.”

Su enfoque es claro: “Ante todo, el maestro debe ser humano, ver a sus alumnos como personitas humanas que necesitan cariño, empatía, amor… que se les inculquen valores para que puedan enfrentarse a la vida real.”

Un espacio donde todos quieran estar

Además de priorizar el bienestar emocional de los alumnos, Doraelia ha procurado que la escuela sea un espacio en el que también los maestros se sientan a gusto. “Yo siempre he dicho que me gusta que vengan tanto los niños como los maestros, que vengan felices, que estén a gusto, que no les moleste estar aquí”, comenta.

“Si los maestros vienen contentos y en armonía, generan un ambiente agradable de solidaridad, de colaboración… y eso se les transmite a los niños. No podemos dar lo que no tenemos.”

La vocación como brújula

En tiempos en los que ser docente puede implicar enfrentar múltiples retos, Doraelia mantiene firme su creencia: la vocación es el motor más poderoso. “Puedes tener muchos títulos, pero si no hay vocación, no se puede sostener. Ser maestro es una entrega total del corazón.”

Sabe que no basta con lo académico. En su visión, “la educación debe ser integral, sin perder de vista al ser humano. Siempre les he dicho a mis alumnos: sean personas responsables y honestas. Esos dos valores para mí son básicos, porque donde quiera que vayan, si son así, se les van a abrir las puertas.”

Un mensaje para sus colegas

En el marco del Día del Maestro, la directora comparte un mensaje lleno de amor:

“A todos los maestros felicidades en eso día. Sigamos educando con el alma.”

¡Feliz Día del Maestro!

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