Cada 09 de septiembre, don Jesús Ramírez llega en silencio al lugar donde ocurrió la tragedia de Celemania. Lleva consigo una veladora que coloca con cuidado y permanece unos minutos en recogimiento. Es su manera de mantener vivo el recuerdo de su único hijo, Andrés Ramírez, quien perdió la vida hace ya 18 años en ese mismo sitio.
Andrés, de apenas 22 años de edad, era reportero policiaco. La madrugada del 09 de septiembre de 2007, cumplía con su deber periodístico al dar cobertura a lo que en un principio parecía un accidente vial, sin imaginar que ese sería el último trabajo de su vida. Una pipa explotó en la comunidad de Celemania, en el municipio de Nadadores, y él se convirtió en una de las víctimas mortales de aquella tragedia que enlutó a la región.
Lo que más duele a don Jesús es el destino que golpeó a su hijo de manera tan cruel. Apenas un día antes, Andrés había recibido la mejor noticia de su vida: el nacimiento de su bebé. Con orgullo había mostrado a sus colegas y familiares las primeras fotografías de su hijo recién nacido, compartiendo una alegría que, lamentablemente, duró muy poco.
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“Mi hijo era todo para mí, era mi única familia”, recuerda don Jesús con la voz entrecortada. Aunque los años han pasado, la herida no cierra. Cada visita al lugar del accidente es un acto de amor y también un recordatorio del vacío que de jó la ausencia de Andrés.
La tragedia de Celemania no solo marcó a las familias de las víctimas, sino también a la comunidad periodística, que perdió a un joven comprometido con informar y servir a la sociedad. Su historia se convirtió en símbolo del riesgo que conlleva ejercer el periodismo, especialmente en coberturas de emergencia.
Hoy, 18 años después, don Jesús mantiene la promesa de no dejar que el recuerdo de su hijo se desvanezca. La veladora encendida y las flores frescas son su manera de decirle, año con año, que aunque ya no esté presente, sigue siendo el motivo más grande de su vida.

