Reconoce Ganadera de Sabinas a precursor del certamen de borrego y castrado gordo

Sabinas, Coahuila. – Hay vidas que marcan con su ejemplo y que trascienden incluso después de la partida. Tal es la historia del ingeniero Francisco Javier Sifuentes Reséndiz, a quien la Asociación Ganadera Local de Sabinas rindió un emotivo homenaje póstumo, reconociéndolo como pionero del Concurso del Borrego y Castrado Gordo.

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Su legado es hoy prueba de que una vida dedicada a la creación y al servicio de los demás es una vida que nunca muere.

El reconocimiento fue recibido con orgullo y emoción por su familia: su esposa, sus hijas, sus hijos políticos y sus nietos, quienes agradecieron la distinción hacia un hombre visionario, apasionado por el campo y profundamente comprometido con su gente. Residente la mayor parte de su vida en la Villa de Agujita.

El ingeniero Sifuentes siempre llevó con orgullo el lugar de sus orígenes. Fue egresado de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, donde forjó la base de sus conocimientos, y más tarde continuó su preparación académica con estudios de posgrado en Bogotá, Colombia, en Fotointerpretación Aplicada al Levantamiento de Suelos.

Pero más allá de su sólida formación, lo que distinguió su vida fue la manera en que transformó sus saberes en proyectos que trascendieron. Encontró en la tierra y en sus frutos la más noble inspiración para servir, y supo transmitir esa pasión a su entorno. Su legado más visible fue el Concurso del Borrego y Castrado Gordo, iniciativa que impulsó en Sabinas como un espacio de encuentro para las familias ganaderas, de impulso a la calidad genética y de fortalecimiento de las tradiciones. Este proyecto, sin embargo, nació de una motivación muy especial: su primer nieto, Mariano Chávez, a quien quiso regalar una experiencia que uniera generaciones, transmitiera valores y sembrara orgullo por la tierra.

A través de este concurso, el ingeniero Sifuentes no solo impulsó la ganadería de la región, sino que también sembró una herencia de amor por el campo que hoy sigue floreciendo en nuevas generaciones. En el ámbito personal, siempre contó con el apoyo incondicional de su compañera de vida, Diana Flores Treviño, con quien compartió sueños y la construcción de una familia sólida. Fue ejemplo de amor, trabajo y fortaleza para sus hijas Gabriela, Alejandra y Marisol Sifuentes, así como para sus yernos Manuel, Gerardo y Luis, quienes lo acompañaron en vida y lo honran en su memoria.

Sus nietos, Mariano y Gabriel Chávez Sifuentes y Maríalilia, representan la continuidad de esa herencia de amor y visión. Ellos son, sin duda, la mayor prueba de que las raíces sembradas por el ingeniero seguirán dando frutos, con la misma pasión y entrega que siempre lo caracterizaron. A la distancia de su partida en el año 2020, su recuerdo sigue vivo. Hoy se celebra al ingeniero, al precursor, al hombre de campo, pero también al esposo, padre, abuelo y pilar de una familia que lo lleva con orgullo en el corazón. Sus hijas, en especial, le agradecen por haberles enseñado que la grandeza se construye con esfuerzo, amor y visión, y que servir con pasión deja huellas imborrables.

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