Luego de que la Secretaría de Educación en Coahuila revelara que el 36% de los estudiantes viven algún tipo de violencia en casa, docentes de Monclova confirmaron que las escuelas se han convertido en el primer filtro para identificar señales de abandono, descuido o maltrato infantil.
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Arturo Almaguer, coordinador regional de la Sección 5 del Sindicato de Maestros, indicó que aproximadamente el 5% de los casos detectados en planteles educativos son turnados a la PRONNIF, luego de aplicar los protocolos escolares.
Las colonias del oriente de Monclova concentran la mayoría de estos reportes. Según Almaguer, sectores como Colinas de Santiago, Pueblo Nuevo y Las Flores presentan una alta incidencia de menores en condiciones de vulnerabilidad, que asisten a clases sin alimentos, sin uniforme adecuado o con signos visibles de desatención.
“Los maestros, al ver estas situaciones, muchas veces toman la iniciativa de ayudar. Hay quienes donan ropa, zapatos o útiles escolares de sus propios hijos para apoyar a los alumnos”, señaló.
Canalización a la PRONNIF: último recurso
El protocolo ante un posible caso de violencia o negligencia infantil inicia con una citación a los padres para buscar soluciones conjuntas. Si no hay respuesta o la problemática persiste, el caso se remite a la Procuraduría para Niños, Niñas y la Familia (PRONNIF) o al área de Trabajo Social de Servicios Educativos.
“No se turnan de inmediato. Solo cuando ya se agotaron todos los recursos, y la situación se considera grave, se da intervención oficial. Incluso puede haber medidas de protección y retiro temporal del menor del hogar”, explicó el docente.
Una realidad alarmante para el sector educativo
Aunque el 5% puede parecer bajo, el maestro advirtió que al multiplicarse por la cantidad de escuelas en el estado, se trata de una cifra preocupante, ya que cada caso representa una historia marcada por la violencia, la pobreza o las adicciones.
Almaguer puntualizó que, si bien los docentes inculcan valores como el respeto, la empatía o la disciplina, el cambio real debe generarse desde casa.
“No podemos reemplazar a los padres, pero sí orientar. Cuando vemos señales de violencia, no dudamos en actuar. Es nuestra responsabilidad como formadores, porque ninguna forma de maltrato hacia un menor debe ser tolerada”, concluyó.

