Hoy cumple años Monclova: 337 años de historia e identidad

Antes de las acereras, de las grandes avenidas y de una ciudad extendida hacia todos sus puntos cardinales, aquí comenzó una historia que este 12 de agosto cumple 337 años.

Pero la historia de Monclova comenzó incluso antes. Previo a consolidarse como Santiago de la Monclova, estas tierras fueron escenario de distintos intentos de fundación que se remontan hasta 1577, cuando surgió Minas de la Trinidad, seguido por otros asentamientos que no lograron permanecer.

Fue finalmente el 12 de agosto de 1689 cuando el general Alonso de León fundó Santiago de la Monclova, nombre que guarda también parte de aquella historia.

“Santiago en honor al obispo de Guadalajara, Juan Santiago de León Garavito, y de la Monclova por el conde de la Monclova, Melchor Antonio Portocarrero y Lasso de la Vega…”, explicó Alejandra Villarreal Huerta, presidenta de la Sociedad Monclovense de Historia.

Desde entonces, mencionó, Monclova fue testigo y protagonista de distintos capítulos de la historia de México. La Independencia, la Reforma, la Intervención Francesa, el ferrocarril y la Revolución dejaron huella en estas tierras.

La ciudad llegó incluso a ser capital de Coahuila y Texas de 1824 a 1836, una historia de la que todavía permanecen vestigios.

Edificios y espacios que hoy forman parte del paisaje cotidiano son también testigos de siglos de historia: El Polvorín, la Ermita, San Francisco de Asís, la parroquia Santiago Apóstol, el Museo Coahuila y Texas y hasta el propio río Monclova.

“…son los vestigios más antiguos que todavía están en pie y que pues nos recuerdan lo grande que fue esta tierra… que sigue siendo esta tierra.”

Y buena parte de esa historia puede encontrarse también concentrada en uno de sus principales símbolos: el escudo de Monclova.

Diseñado por la profesora María de Jesús Salazar de Flores y develado en 1954, sus colores y figuras no fueron elegidos al azar.“Hay cinco estrellas en el escudo y esas cinco estrellas son las fundaciones anteriores…”

El río Monclova, la evangelización de los pueblos originarios, la Revolución Constitucionalista y hasta aquella época en la que la producción de nuez formaba parte de la actividad económica de la región quedaron representados en sus elementos.

Pero entre ellos aparece uno que terminaría definiendo buena parte de la Monclova contemporánea: un alto horno como símbolo de su industrialización.

Para varias generaciones, hablar de Monclova es también hablar de una ciudad marcada por el acero.

Altos Hornos de México transformó su desarrollo económico, laboral y urbano. Miles de familias construyeron alrededor de la siderúrgica parte de su propia historia y, aun después del cierre de sus operaciones, AHMSA permanece como uno de los grandes referentes de la identidad industrial de la ciudad.

Y si el acero marcó su historia, también terminó por darle nombre a una de sus grandes pasiones: los Acereros de Monclova.

El béisbol se convirtió en parte de la identidad de la ciudad y encontró su casa en el Estadio Monclova, hoy Kickapoo Lucky Eagle, conocido también como “El Horno más grande de México”, donde generaciones de aficionados han acompañado a la Furia Azul.

Pero una ciudad no se construye solamente con fechas, edificios, industrias y acontecimientos. También se reconoce en aquello que sus habitantes hicieron suyo.

Tres siglos después de su fundación, basta preguntarle a una monclovense qué distingue a su ciudad para encontrar algunos de esos referentes.

“En comida, los taquitos de olla y las tortillas de harina. Y también el Xochipilli, el Mall y pues ahora el Cristo de la Bartola.”

Porque Monclova también está en sus sabores. En los tradicionales tacos de olla y en las tortillas de harina recién salidas del comal, presentes en la mesa y en la memoria cotidiana de generaciones de familias.

También está en sus espacios de encuentro.

Entre árboles y jardines, los parques Xochipilli I y II se convirtieron en uno de los grandes pulmones de la ciudad y en punto de reunión para familias y deportistas, pero también en el escenario elegido por generaciones de monclovenses para guardar momentos importantes en fotografías de bodas, quince años y graduaciones.

Y mientras algunos símbolos han acompañado a Monclova durante siglos, otros fueron apareciendo con el crecimiento de la ciudad y sus habitantes simplemente los hicieron suyos.

Es el caso del monumento a Francisco I. Madero, cuya peculiar estructura hizo que el lenguaje popular terminara rebautizándolo con un nombre que cualquier monclovense reconoce: “El Rallador”.

Desde otro punto de la ciudad, el Cristo de la Bartola y su mirador se incorporaron más recientemente al paisaje y ofrecen desde las alturas una panorámica de la Monclova actual.

Y nuevos espacios de convivencia, como el Mall, forman ya parte de los referentes cotidianos, especialmente entre las generaciones más jóvenes.

Pero si existe algo que prácticamente ningún monclovense puede ignorar es su clima.

Veranos intensos e inviernos capaces de llevar el termómetro al extremo forman parte de vivir en esta ciudad. Un clima que sus habitantes quizá no siempre disfrutan… pero que definitivamente han aprendido a hacer suyo.

Han pasado 337 años desde la fundación de Santiago de la Monclova.

La ciudad creció, se industrializó, atravesó épocas de bonanza y momentos difíciles; vio transformarse sus calles, sus edificios y sus formas de convivencia.

Pero entre los muros que permanecen desde hace siglos, las chimeneas que recuerdan su pasado industrial, un estadio que se enciende con el béisbol, sus parques, sus sabores y hasta aquellos lugares que sus habitantes terminaron bautizando a su manera, Monclova continúa construyendo su propia identidad.

Porque una ciudad no solamente se construye con edificios, fechas o monumentos.

También se construye con la memoria de quienes estuvieron, con las costumbres de quienes permanecen y con las historias de quienes todos los días siguen llamando a este lugar hogar.

Este 12 de agosto, Monclova cumple 337 años de historia. Una historia que comenzó mucho antes del acero y que continúa escribiéndose todos los días.

¡Feliz 337 aniversario, Monclova!

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