Contra todo pronóstico, el paciente de la cama 314 del “Piso de la Esperanza”, en el Hospital General de Zona (HGZ) No. 7 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), despertó después de 12 días de intubación, con 15 kilogramos menos y, aunque apenas podía reconocerse, sobrevivió al COVID-19, enfermedad que transformó su vida.
Armando es obrero de Altos Hornos de México, locutor y su pasión más grande es el fútbol, deporte donde hacía el papel de árbitro. Tras su experiencia con la infección por SARS-CoV2, expuso que “su partido más importante” lo vivió al enfrentarse al coronavirus.
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A finales de mayo, malestares musculares y lo que parecía una gripe, empezaron a manifestarse; eran los primeros síntomas de una infección a la que inicialmente no le prestó atención.
A principios de junio supo que era positivo al coronavirus y lo internaron. Luego de sobreponerse y mientras estaba en aislamiento domiciliario, sufrió una recaída. Para el 18 de junio tenía fiebre y apenas podía respirar.
Recordó que estaba en su domicilio cuando fue auxiliado por socorristas de la Cruz Roja Mexicana, quienes lo trasladaron al hospital donde, debido a las dificultades respiratorias, lo intubaron.
Mientras se encontraba sedado, inconsciente y conectado a un respirador, su esposa y sus hijos sufrían la incertidumbre de tener un familiar en el Piso COVID. Los médicos les decían que las probabilidades de sobrevivencia eran pocas, aunque nunca perdieron la fe.
Fueron 12 días, los vivió como un sueño; en su delirio tenía pensamientos negativos, pero su cuerpo se aferraba a vivir y su mente seguía alerta. Recordó que escuchaba las voces compasivas de médicos y enfermeras, que lo alentaban a seguir en la lucha.
A las 16:40 horas del 30 de junio, Armando recuperó el conocimiento. El doctor Héctor David Sosa Pliego, líder del equipo COVID del Piso 3, expresó entre lágrimas: “les dije que iba a despertar”.
Ante la mirada de asombro del personal multidisciplinario, empezó a preguntar desconcertado dónde estaba y desde cuándo se hallaba en ese estado. Se sentía débil, con muchas dudas y ganas de ver a sus seres queridos.
“Cuando me vi al espejo, me asusté. Apenas podía reconocerme”, admitió el paciente.
A principios de julio, los doctores del nosocomio lo contactaron con sus familiares a través de una videollamada. Estaba feliz y esto le motivó aún más a salir adelante.

