Tras la llegada del huracán ‘Otis’, las noches en Acapulco han perdido su habitual bullicio. Sin embargo, surgen pequeños refugios de diversión: bares y discotecas que, de manera gradual, vuelven a la vida.
Aunque las festividades tumultuosas y los antojitos en la quebrada, donde los clavadistas solían deslumbrar con sus acrobacias bajo un despliegue de luces, parecen lejanas por ahora, es probable que la vida nocturna regrese con el tiempo.
En la actualidad, Acapulco se presenta como una ciudad silenciosa, con sombras que se desvanecen ante la tenue iluminación de los vehículos que pasan, la reactivación gradual del alumbrado público y las patrullas de la Guardia Nacional que patrullan con sus torretas encendidas.
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A pesar de que muchas gasolineras están dañadas, aún cuentan con suministro eléctrico y durante la noche, la Guardia Nacional las protege.
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En las calles, solo unos pocos transeúntes permanecen, la mayoría camina apresuradamente, con los teléfonos móviles encendidos para alumbrar su camino. En el zócalo de Acapulco, despojado de sus imponentes árboles, la gente se reúne en silencio, enfocando sus miradas en los dispositivos móviles con determinación.
En este lugar, Jorge Domínguez, un funcionario estatal, instala un generador de electricidad para ofrecer apoyo a la comunidad.
A pocos pasos de allí, una persona, oculta entre los autos estacionados, también ha colocado su propia fuente de energía. Sin embargo, cobra una tarifa de 50 pesos por unos pocos minutos de recarga de teléfonos móviles.
A medida que Acapulco se recupera gradualmente, la vida nocturna comienza a resurgir, proporcionando un rayo de esperanza en medio de la sombría situación posterior a ‘Otis’.

