Instantáneas Sobre el Fin del Mundo por Alfredo Peñuelas Rivas
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Como cada año, entre el 15 y 16, de septiembre los mexicanos festejamos nuestra independencia nacional con una devoción que raya en lo dogmático, esto es producto de la dedicada construcción de un proyecto de nación para otorgar identidad a un pueblo que, desde que culminó la guerra por la Independencia en 1821 no hizo más que pelearse durante casi un siglo. Sin embargo, casi nada o muy poco sabemos de los héroes nacionales o de su aspecto físico. Por lo mismo, acá pondremos algunos datos:
Del cura de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla, se sabe que era aficionado al juego, a las mujeres, al vino (pero no a beberlo, sino a sembrar uvas), a los toros (se dice que llegó a torear), pero conocemos muy poco de su aspecto físico. Los retratos de Miguel Hidalgo comenzaron a surgir después de la Independencia de México. El más antiguo data de 1823, es decir doce años después de su muerte. Se trata de una ilustración en el “Calendario Histórico y Pronóstico Político. Por el Pensador Mexicano. Para el año bisiesto de 1824”, que fue publicado por José Joaquín Fernández de Lizardi.
Posteriormente, el litógrafo y periodista italiano Claudio Linati de Prévost realizó dos retratos de Hidalgo en 1826, donde vemos a un hombre fornido y de pelo cano (no calvo), una imagen muy distinta a la del viejecillo calvo que nos han vendido como el “Padre de la Patria”. Esa imagen fue realizada por órdenes de Maximiliano de Habsburgo. Como su gobierno carecía de legitimidad, quiso contrarrestarlo creando símbolos patrios asociados a su corona, se dice que era su cura confesor.
Se ha ocultado la afrodescendencia de los héroes de la Patria
Sobre otros dos de los grandes héroes independentistas, José María Morelos y Pavón y Vicente Guerrero, se conocen imágenes muy fieles a su aspecto pero se ha ocultado su afrodecendencia. Dicho de otra forma: eran negros. Se cree que durante el siglo XIX y parte del XX la descendencia afromexicana ha sido menospreciada y silenciada, reduciéndola a anécdotas que no reflejan la destacada participación en la lucha por la Independencia.
Vicente Guerrero, se convirtió en uno de los principales líderes de la lucha armada tras el fusilamiento, en 1815, de José María Morelos y Pavón — quien, probablemente, también era afrodescendiente—, convirtiéndose en comandante general del sur, principal enemigo de los realistas hasta 1821, cuando acordó con Agustín de Iturbide el Plan de Iguala. Sabemos que sus tropas estuvieron formadas por muchos afrodescendientes: mulatos, negros, morenos o pardos. Son de los personajes de los que poco se conoce, porque, pese a su relevante participación no son considerados héroes, ya que antes se hacía la historia de los héroes, la de bronce.
Pero ahí con acaban las peculiaridades sobre los Héroes Patrios
Durante los festejos del Bicentenario de la Independencia de México una de los eventos más macabros de los que nuestro país tenga memoria fue llevado a cabo: el gobierno federal, encabezado por Felipe Calderón Hinojosa, tuvo la ocurrencia de exhibir los restos mortales de los héroes nacionales para regocijo y devoción del pueblo mexicano. Ante la luctuosa ceremonia (y la sorpresa de algunos) las declaraciones oficiales afirmaron en su momento que “no hay duda, se trata de los restos de Juan Aldama, Ignacio Allende, Nicolás Bravo, Vicente Guerrero, Miguel Hidalgo, Mariano Jiménez, Mariano Matamoros, Francisco Javier Mina, José María Morelos, Andrés Quintana Roo, Leona Vicario, Guadalupe Victoria, Pedro Moreno y Víctor Rosales”. Sin embargo un estudio del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se ha encargado de desmentir dicha versión.
En la urna atribuida a Mariano Matamoros se encontraron los restos óseos de una mujer de entre 40 y 45 años, entre los restos de Mina había más de 200 huesos, pertenecientes a varios individuos. Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama y Jiménez estaban formados por restos óseos de adultos y de niños de entre 0 y 6 años, además de cuatro huesos pertenecientes a venados y, por si fuera poco Guadalupe Victoria, primer presidente de la República, tenía restos de un joven de entre 19 y 21 años, cinco vértebras lumbares de una mujer, un hueso de la pata de un venado y otro de un individuo perinatal. Nada más fácil para pasar de lo macabro a lo ridículo en el santiamén de una declaración oficial al mejor estilo de las películas del Santo.
¿Qué es lo que lleva a un gobierno a crear una celebración que tiene más que ver con lo religioso que con lo patrio? ¿Qué es lo que lleva a la historia de un país a adorar venados donde tendrían que existir heroes? ¿Qué es lo que lleva a la historia a blanquear los rostros de unos y hacer calvas las cabezas de otros? Probablemente la respuesta se encuentre en medio del intrincado laberinto que es la identidad nacional. El rezarle a un relicario es decirle a un imposible que lo queremos, es aceptar la derrota, la muerte, la nostalgia.
Las celebraciones mexicanas tienen mucho de color pero también mucho de dolor, “para todo mal mezcal y para todo bien también”. Y al grito de ¡Viva México, cabrones! Sabemos que no vale nada la vida. Los mexicanos rara vez celebramos victorias y llegamos tarde hasta a las construcciones de nuestros monumentos emblemáticos de los cuales sospechamos de antemano y negamos su identidad aunque tengamos que cargar con su presencia a cuestas por el resto de nuestra historia colectiva. Nos asumimos perdedores y los sabemos.
No cambiarán los rostros de los héroes en las monografías escolares, nada ocurrirá con los huesos patrios y su devoción. Como los muchos relicarios que pueblan la Tierra, quedarán intactos como la adoración a las astillas de la Cruz o a los grilletes de San Pedro, así representen la derrota en la Tierra, el dolor humano, ya que siempre habrá una frase elocuente, una lágrima viva o una vela encendida que trascienda. Como diría Octavio Paz: “la historia, que no nos podía decir nada sobre la naturaleza de nuestros sentimientos y de nuestros conflictos, si nos puede mostrar ahora cómo se realizó la ruptura y cuáles han sido nuestras tentativas para trascender la soledad”.
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