Hace apenas unos días, la fila del Banco del Bienestar en el centro de Monclova era distinta. Un altavoz con karaoke alegraba la espera de los adultos mayores que llegaban desde temprano para cobrar su pensión.
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Se escuchaban risas, cantos y hasta aplausos mientras el director regional de Bienestar promovía esta iniciativa como una forma de hacer más amena la jornada.
Hoy, ese mismo lugar quedó manchado por una tragedia que dejó sin aliento a toda la ciudad.
En cuestión de minutos, el ambiente de comunidad y calidez se convirtió en uno de horror: una mujer fue asesinada por su expareja frente a su madre de 90 años, su hermano y decenas de testigos que no pudieron hacer nada.
Era apenas el amanecer de este viernes 23 de mayo. Como cada día de cobro, Leticia, de 58 años, llegó al banco ubicado en la calle de La Fuente en la Zona Centro, acompañada de su madre, doña Juanita, en silla de ruedas, y de su hermano Juan Manuel Aguilar. Viven en la colonia El Pueblo. Se acomodaron entre las primeras de la fila, confiadas en que ese trámite sería como siempre.
Pero a esa hora, aun no había presencia policía. Las patrullas suelen llegar poco antes de la apertura, que es a las 8:00 de la mañana, pero los beneficiarios, sobre todo los adultos mayores, llegan desde las 6:00.
Y fue precisamente en ese lapso de vulnerabilidad cuando apareció Cirilo de la Cruz Rangel, de 65 años, exesposo de Leticia, originario de Castaños. Un mes atrás se habían separado tras 36 años de matrimonio.
Se acercó, le habló al oído, y en segundos todo cambió. La sujetó con una navaja, la inmovilizó, y la tensión se apoderó del lugar. Testigos relatan que Leticia estaba aterrada. Algunos intentaron intervenir, pero Cirilo los amenazó con el arma para mantenerlos alejados.
Uno de ellos fue Albino, un hombre de 73 años, quien con valentía intentó detener al agresor. Sin embargo, también fue atacado. Afortunadamente, los reportes médicos señalaron que sus heridas no ponían en riesgo su vida.
Leticia intentó escapar. Corrió unos metros, pero Cirilo la alcanzó y la hirió con brutalidad. Cayó sobre la banqueta frente a la mirada atónita de su madre, su hermano y decenas de personas más. Acto seguido, el agresor se quitó la vida clavándose la misma navaja en el cuello.
Paramédicos de la Cruz Roja llegaron rápidamente y trasladaron a Leticia al Hospital General de Zona Número 7 del IMSS. Murió minutos después.
Su madre, doña Juanita, aún en estado de shock, alcanzó a decir que él le repetía: “no te vas” antes de agredirla. Su hermano, Juan Manuel, no podía creer lo ocurrido.
La escena dejó a todos los presentes con un nudo en la garganta. Adultos mayores en crisis nerviosa, y otros solo en silencio, viendo al suelo como si intentaran despertar de una pesadilla.
Esta tragedia no solo evidenció la violencia que muchas mujeres siguen enfrentando, incluso después de separarse de sus agresores, sino la necesidad de presencia policial en horarios anticipados fuera de espacios públicos.
Leticia no fue una estadística más. Fue una hija, una hermana, una mujer que salió esa mañana a acompañar a su madre. Y murió a plena luz del día.
Monclova, una ciudad que en los últimos días se había enorgullecido de ver a sus adultos mayores cantar y convivir con alegría mientras esperaban su pensión, hoy llora en silencio una vida arrebatada con violencia.

