La mañana comenzó como cualquier otra para Héctor Orlando Mireles Ortiz, de 22 años, vecino de la colonia Progreso, rumbo a cumplir con su jornada laboral.
Sin embargo, sobre la avenida Adolfo López Mateos, el destino le tenía preparado un encuentro abrupto con el peligro y la memoria de una tragedia pasada.
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Mientras circulaba en dirección poniente, al llegar al cruce con Agustín Melgar, un vehículo blanco se atravesó de forma imprudente y repentina en su trayectoria.
El impacto fue inevitable, generando una colisión con proyección que convirtió el trayecto cotidiano en una escena digna de investigación y peritaje urgente.
Su Chevrolet Cobalt gris salió disparado tras el choque, perdiendo el control y dirigiéndose hacia un objeto fijo con violencia.
El automóvil se estrelló contra el tronco de un árbol recientemente cortado, justo al lado de una cruz conmemorativa por un fallecimiento ocurrido años atrás; el oficial David Vázquez de peritaje, tuvo que volver a enderezarla mostrando su respeto al fallecido.

La coincidencia del lugar impactó emocionalmente al joven, quien por fortuna resultó ileso, aunque visiblemente afectado por la fuerza del segundo impacto.
Paramédicos y autoridades acudieron al sitio para brindar apoyo y comenzar la búsqueda del conductor responsable del incidente.
A pesar de los esfuerzos, no lograron ubicar al vehículo blanco ni a quien lo conducía, dejando el caso abierto a investigación.
El testimonio de Héctor será clave para esclarecer los hechos, mientras su vehículo permanece bajo resguardo para análisis de daños.
La cruz junto al árbol parecía recordar que esa esquina ya había sido testigo de otra vida truncada por el asfalto.
Hoy, por suerte, no hubo víctimas fatales, pero el eco del accidente resuena entre los vecinos como advertencia silenciosa.

