Una llamada al 911 encendió las alarmas: “¡Robo en proceso en pleno centro!” gritaban los vecinos, con voz de novela de acción.
La Policía Municipal se lanzó como rayo al cruce de Carranza con Juárez, justo frente al local 6 de la Plaza Colonial, listos para el trancazo.
Pero al llegar, nada de ladrones, ni cristales rotos, ni persecuciones. Solo un hombre tirado como estrella de mar buscando sombra y paz.
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Se trataba de Alberto Rodríguez Ávila, de 46 años, originario de Ciudad Frontera, quien dijo andar en busca de una “vaquita cómoda” para dormir.
Con cara de “ya no puedo más”, el buen Alberto solo quería echarse un coyotito sin molestar a nadie, pero terminó despertando a medio Monclova.
Vestía ropa que ya había visto mejores días, cargaba una mochila flaquita y tenía el paso más lento que tortuga en subida.
Los oficiales, al ver que no había delito, decidieron llevarlo a los separos municipales, donde al menos tendría techo… aunque fuera de piedra.
La famosa “cama de piedra” lo recibió con frialdad, pero al menos ahí pudo descansar sin que lo corrieran ni lo confundieran con ratero.
Después de unas horas de descanso y sin cargos, Alberto fue liberado para seguir su camino rumbo al municipio del riel, con paso tranquilo.
La falsa alarma quedó como anécdota y los vecinos aprendieron que no todo el que se acuesta en la banqueta trae malas intenciones.

